Deuda con el Chocó

Deuda con el Chocó

Enero 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Deplorable situación de la que habla ‘Semana’, la de Quibdó: capital del Chocó. Su autor se queda corto; la pésima situación a la que alude no solo afecta a la capital: es constante en ese ignorado territorio. Donde las desgracias nacionales parecen establecidas de por vida. Hace treinta años recorrí el Chocó en una caravana de periodistas. Que fue especie de viaje al infierno. No hay salud, no hay empleo, no hay vías para sacar unos bananos que se pudren; y –lo peor– no hay esperanza de superar esa dramática situación. Camino a convertirse en crónica. Chocó es la finca del diablo: la mitad de los habitantes de Quibdó salieron corriendo, entre otras guerras, por los sangrientos combates entre el ELN y las autodefensas gaitanistas. Sus habitantes -afrodescendientes- se cansaron de solicitar, reclamar, pedir, clamar, por su seguridad, comunicaciones, servicios sanitarios, médicos, etc, etc. Nunca llegaron y dejaron en la gente visible descontento. Ira contra el Estado, malestar contra los presidentes y el gobierno, y la idea de independizarse y no hay quien los acepte.Triste asunto. Jamás un sector de colombianos, ha sido tratado de manera tan inicua. Con absoluto desprecio por sus ancestrales necesidades y penurias; el olvido eterno del gobierno central; la indiferencia de la sociedad; y la idea que allá solo hay gente de color sin mayor importancia. Una fama tan oscura como el color de su piel, hizo carrera y tiene al Chocó en una postración que se volvió habitual. Con problemas múltiples y un costo alto para disminuirlos o acabarlos. Además de odio cerval contra los poderes centrales a quienes -con algo de razón- responsabilizan de sus incontables años de soledad. El país ha sido injusto con ese departamento. Lo desprecia y se convirtió en elefante negro que apenas camina. Hasta que llegue el día del grito: la protesta cargada de violencia, de odio acumulado. Y ese día lo que se intente será demasiado tarde.Farc, ELN, autodefensas, Bacrim, y otras organizaciones en armas libran su guerra. El gobierno ve, calla, se va, o se esconde. Es la fatalidad que llegó a una región que merece destino diferente y acción oficial de proporciones adecuadas a sus magnos problemas. La sociedad excluye al Chocó: tiene deuda enorme con sus habitantes. Los ha dejado con sus selvas, sus ríos inmensos, sus pocos productos, sin tener salida al mercado. Algo parecido a pueblos de África. ¿Hasta cuándo?

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