¿Adiós España?

¿Adiós España?

Enero 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Los catalanes, han aumentado su actitud independentista frente a España y así lo demostraron en el referendo que se efectuó el 9 de noviembre pasado. Está claro: ellos aspiran a una república autónoma frente a España. No quieren un trozo del pastel: lo quieren entero. Esa conducta viene de un grupo étnico, político y social, de condiciones humanas excepcionales; enérgicas, decidido, con formidable espíritu creador, e incomparable habilidad económica y comercial. Que son condiciones esenciales para una nación. A lo que se agrega una cultura original, que Cataluña ha mantenido con celo.El gobierno central no está en ánimo de aceptar las intenciones autonómicas de Cataluña. Y los habitantes de la rica región -con una historia pródiga en sucesos grandiosos- tampoco van a ceder algo que llevan en el corazón: su anhelo de independencia. Eso no ocurrirá a la vuelta de la esquina: correrá mucha agua bajo los puentes para que Cataluña sea República. Pero lo será. El espíritu catalán es indomeñable. Jamás abandonará esa aspiración máxima.Ese anhelo no conviene a esa amable región. La tendencia en la era de la globalización, es la integración y no el nacionalismo hirsuto y solitario. Bloques con influencia política, fuentes del comercio internacional y faros en el avance científico. Una nación no prospera, solitaria, en medio de la globalización y las agrupaciones de países, que son fuerza de la humanidad. Eso es difícil de aceptar por los catalanes, por su espíritu libertario y su rechazo a toda forma de dependencia. Madrid y Barcelona viven viejo proceso de distanciamiento -y, a veces, de agresiva emulación- que no ha cesado. Puede palparse cuando se dialoga con los dirigentes de esa región privilegiada. De lograrse haría daño histórico irreparable, contagioso y desafortunado para el futuro de nuestra Madre Patria.Otras provincias españolas abrigan, con menos intensidad, sentimientos similares respecto al gobierno madrileño. Sería punto final al Estado de Derecho, que esa tendencia suicida llegara a prosperar. España unida es una cosa: desunida, fragmentada, con varias voces y no una poderosa, caería en decadencia inevitable. El debate está abierto y debe confirmarse el buen juicio de los responsables políticos, económicos y sociales para que no se haga realidad la mutilación que se planea en Cataluña y ronda otras regiones de España. ¿Vascos y andaluces, separados de España? Serían el fin de una República con la cual tenemos el nexo indeleble del lenguaje y otras -imborrables- situaciones.

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