Banco de banqueros

Banco de banqueros

Junio 11, 2011 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

El Banco de la República está contrayendo la economía y revirtiendo su tendencia favorable. Los consecutivos aumentos de su tasa de intervención, encarecen el peso, desploman la tasa de cambio y lucran más al sector financiero. El alto costo del dinero disminuye el consumo; eleva los gastos de las empresas; promueve el arribo de capitales itinerantes; estimula las inversiones especulativas; disuade las inversiones productivas; atiza la especulación; y, obstruye el crecimiento.La Junta del Emisor prefiere seguir sacrificando al sector productivo, y en particular a los exportadores, antes que atreverse a afectar los intereses de los bancos. Con su política, lejos de conjurar la inflación, la está provocando, y en su intento errado por combatirla, está alentando la caída del dólar.Días difíciles se avecinan para el sector real, que deberá sufragar altas tasas para financiar sus actividades, pero más aciagos serán para los exportadores, que inermes ven como se volatizan sus esfuerzos y se diluye su competitividad.La agonía que la revaluación produce a los exportadores, contrasta con la bonanza que regodea a los intermediarios financieros que ávidamente compran dólares baratos para luego venderlos al precio que se les antoje.La situación de los exportadores es calamitosa. Los que utilizan insumos extranjeros si bien en algo los beneficia la revaluación, deben asumir el aumento de los costos sin poder ajustar precios; pero los que sólo emplean insumos nacionales, amenazan ruina, pues además de asumir la inflación sufren una ostensible disminución de ingresos.Restringir y encarecer la oferta monetaria, en un país desbancarizado y ávido de crédito, alegando una supuesta expansión monetaria, es un desvarío facilista y mediático que denuncia improvisación y yerro. Al Emisor le faltan razones para sustentar sus decisiones, que, como siempre, premian al sistema financiero y castigan al sector real.Contrario a lo que asevera el Banco, el brote inflacionario es consecuencia directa del crudo invierno y del espiral de alzas que desatan los aumentos del precio del combustible y el cobro mimetizado de sobretasas y subsidios.Si bien, por mandato constitucional, al Banco de la República le corresponde velar por el mantenimiento de la capacidad adquisitiva de la moneda, no es de su competencia dirigir la economía y menos corregir las distorsiones del mercado.Si el Banco realmente quisiera combatir la inflación, disminuiría su tasa de intervención, lo que forzaría la reducción de las tasas de interés, desalentando la demanda de títulos de renta fija y estimulando el de renta variable; asimismo, detendría el arribo masivo de capitales itinerantes a la captura de inversiones especulativas de portafolio, que en buena medida son los que causan la sobreoferta de divisas y, por ende, el repunte del peso.Al final, los errores del Emisor los paga el país y los corrige el Gobierno, quien para compensar el desplome del dólar, termina otorgando subsidios a los exportadores bajo la apariencia de programas de incentivo cambiario, lo que alivia, mas no resuelve el problema, pero sí ayuda a mantener la infalibilidad del banco de los banqueros.

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