Animal Spirits

Animal Spirits

Septiembre 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

John M. Keynes, leseferiano arrepentido y vergonzante, padre de los subsidios, en su obra Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, acuñó la expresión Animal Spirits (Espíritus Animales) para explicar cómo la emoción influye más que la razón en el comportamiento humano, pudiéndose ponderar en términos de confianza.Valiéndose de este término Keynes explicó que además de la inestabilidad que produce la especulación en el mercado, hay otra inestabilidad que deviene de la naturaleza humana y que frecuentemente hace que la conducta dependa más del deseo que de una expectativa matemática, moral, hedonista o económica.Es claro que la mayor parte de las decisiones, cuyas consecuencias tan solo se conocen a futuro, son el resultado del influjo del Animal Spirits, que no es nada distinto al estímulo que impulsa a la acción, desestimando el análisis previo de consecuencias cualitativas o cuantitativas multiplicadas por probabilidades.Si bien la expresión en comento es aplicable al comportamiento de los consumidores en el mercado, es evidente que en política también aplica, y que en Colombia la dudosa reelección del Gobierno respondió al Animal Spirits.Así lo corrobora el hecho, que a poco más de un mes de comenzado el segundo periodo presidencial, sean millares los ciudadanos desengañados que creyeron ganar cayendo en el señuelo de una paz incierta.El país sin evaluar con juicio las propuestas de campaña se dejó guiar por el Animal Spirits y prefirió apostarle a la esperanza y la incertidumbre, antes que a la evidencia cierta de un periodo presidencial plagado de yerros, desaciertos e improvisaciones, así como a la felonía incorregible de un puñado de narcoterroristas anacrónicos.Es claro que cada día que transcurre se devela el secuestro de un gobierno sin rumbo, condenado a complacer la impunidad, así como la voracidad insaciable y la carencia de ideales de unos cabecillas desvergonzados que juegan sin piedad con la ingenua esperanza nacional de ver el fin de una insurgencia terrorista.Pero contra toda evidencia, Santos insistirá en decretar la paz a cualquier costo, no para lograrla sino para lucrarse de ella, soñando con una nominación al Nobel de Paz; y es que ante la falta de resultados de su gobierno no tiene alternativa distinta a politizarla, dividir al país e intimidarlo con la guerra, ignorando que la paz es un bien anhelado por todos que a nadie le pertenece y que su logro es el resultado del orden, la justicia y la equidad, y no de la impunidad.Entretanto, se siguen esperando las reformas a la Educación, Justicia, Salud, Pensional, Financiera, Minera, Carcelaria y Política, así como un Plan Integral de Desarrollo que ajuste y haga sostenible el modelo económico y disminuya las hondas diferencias sociales que tantos desencuentros producen.La memoria colectiva no existe, y de ello se nutren los políticos y los agentes del mercado, quienes a diferencia de los consumidores adoptan medidas racionales fundadas en la conveniencia coyuntural y el utilitarismo, y no en la emoción o el optimismo.Al parecer, alguna vez Santos paseó su mirada sin rigor sobre la obra de Keynes y pudo advertir, que ante su falta de estatura de estadista, debía siempre apelar al Animal Spirits.La evidencia de los hechos demuestra, que la nación navega a bandazos y sin rumbo alguno, y que el Animal Spirits la mantiene desorientada.

VER COMENTARIOS
Columnistas