¡No pasa nada!

Mayo 24, 2015 - 12:00 a. m. 2015-05-24 Por: Rafael Nieto Loaiza

El once de abril las Farc asesinaron once soldados e hirieron una treintena, rompiendo de facto la tregua unilateral que habían declarado. Como consecuencia, Santos levantó la veda impuesta a los bombardeos y esta semana un ataque al frente 29 terminó con la muerte de 26 guerrilleros. El viernes, las Farc anunciaron de manera formal el cese de su tregua unilateral. De inmediato empezaron las especulaciones sobre lo que ocurrirá con los diálogos de La Habana. Son preocupaciones vanas: no pasará nada. Nadie se levantará de la mesa. No ocurrirá porque no le conviene ni al gobierno ni a la guerrilla. Santos no se parará porque su apuesta política está toda ahí, en las negociaciones con las Farc. En asuntos de seguridad, el trono es de Uribe. Santos sabe que si su énfasis de gobierno hubiera sido ese, apenas sería percibido como quien trató de hacer lo mismo que su antecesor. Tampoco las relaciones internacionales le permitirían destacar. Aunque alivió la tensa situación con Venezuela y Ecuador, fue a costa de ser cómplice de regímenes que socavaron la democracia y vulneran los derechos y libertades fundamentales. Para rematar, es el presidente que perdió miles de kilómetros de zona económica exclusiva en el archipiélago de San Andrés y Providencia. Y en materia de economía Santos sabe que producir resultados es muy lento y difícil y que, para rematar, se acabaron las vacas gordas y lo que viene será cuesta abajo. Al final, Santos está convencido de que su “paso a la historia”, que tanto lo obsesiona, solo se conseguirá si firma la finalización del conflicto.Por su lado, a las Farc les conviene quedarse porque las ventajas que obtienen de la mesa son enormes. Les lava la cara de terroristas, les da la oportunidad de relacionarse con gobiernos y organismos internacionales y de ensanchar y profundizar las que tienen con grupos y organizaciones civiles en Colombia, les facilita la logística, las comunicaciones, la adquisición de armas y explosivos, les da ocasión, sin riesgo alguno, de que sus jefes se comuniquen, reúnan, planifiquen, decidan cursos de acción. Y, como cereza al pastel, pone a sus líderes fuera de la acción de la fuerza pública. Las Farc no temen hoy a los ataques de las Fuerzas Armadas porque, por muchas bajas que produzcan, no podrá nunca alcanzar a los miembros principales del secretariado y del estado mayor.Así que ambos, Santos y Farc, tienen incentivos suficientemente fuertes como para que no importe lo que ocurra en el campo de batalla. Ahí están y ahí se quedan.Ahora, tampoco se producirá una aceleración en las negociaciones. Y es en este punto donde el gobierno se equivoca de manera grave. Las Farc no tiene interés ninguno en poner la marcha rápida en el diálogo. No ganarían nada con ello. ¿Qué se desgasta la opinión pública? Quizás, pero saben que el que paga ese desgaste es, como viene siendo, el Presidente. Y lo aprovechan. Así que sin ceder ni un centímetro de sus posiciones, le sacan ventaja a su deseo de pasar a la historia, a que nada más tiene en las manos, a que todo está en los diálogos, y al afán gubernamental de firmar algo antes de que el proceso se erosione aun más en la opinión pública, perdiendo lo poco que queda de apoyo a la forma en que conduce los diálogos.Y por eso, en esa prisa, Santos se baja los pantalones una y otra vez y, en su querer darles “confianza” a las Farc suspende las extradiciones de guerrilleros, para los bombardeos, deja de fumigar con glifosato, le ruega a los gringos que devuelvan a Trinidad, permite que el secretariado se reúna en La Habana, facilita el encuentro de ‘Timochenko’ con ‘Gabino’, y ahora empieza a abrirle las puertas a la asamblea constituyente que tanto desean. Porque si el Fiscal la propone es porque el gobierno la está evaluando. Y por eso dice el Ministro del Interior que no por ahora, pero que “si adelante se llega a ver utilidad después de que avance el proceso de paz, habrá que estudiarlo”. En otras palabras, habrá que prepararse para otra constituyente.

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