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Más homicidios que antes de ‘la paz’

Noviembre 15, 2020 - 06:45 a. m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Los 11.880 homicidios del año pasado son más que los 11.535 que se produjeron en el 2015, antes de la firma del pacto de Santos con las Farc. La tasa de homicidios de 24,1 por cien mil habitantes, es también mayor que la de ese año.

Mi tesis es que ese pacto contiene un conjunto de incentivos perversos para el narcotráfico y como el narcotráfico es el motor de la violencia, los homicidios no disminuyen. Son miles los disidentes y reincidentes, todos ligados al narcotráfico, y miles también los miembros de las bandas de microtraficantes que causan violencia en las ciudades. Por otro lado, el dato permite preguntarse si son excesivos los costos que se asumieron en el pacto frente a sus muy limitados beneficios en materia de reducción de la violencia.

Otro elemento relevante es el número de muertes causadas por armas de fuego, 8626, el 73,1% de todas. Ello ocurre en plena vigencia de la prohibición de su porte legal, impuesta por Santos en el 2016 y que se ha prolongado hasta hoy. De hecho, en ese año fueron 8066 los asesinatos cometidos con este tipo de armas. Los datos comprueban lo que ya sabíamos, que son muchas las armas ilegales. Es claro que el problema no son las que se han entregado legalmente a los particulares. La prohibición solo da ventaja a los delincuentes que saben que el ciudadano no tiene un arma para defenderse.

Es indispensable revaluar la prohibición y verificar si al levantarla aumenta o no el número de homicidios y cuántos son cometidos con armas amparadas. Lo que está claro es que la prohibición no ha cumplido su propósito. Los homicidios con armas de fuego no solo no han disminuido sino que han aumentado durante la vigencia de la prohibición.

También vale la pena destacar la vinculación del uso de drogas con el riesgo de ser asesinado. Los adictos son, de lejos, el grupo con más personas asesinadas, 702, el 5,9%, y si se suma a los habitantes de la calle, de quienes es posible asumir que también tienen problemas de adicción, el 1,5%, son casi el 7,5% de todos los muertos. De manera que su vulnerabilidad a la violencia homicida es enorme. Un dato más que reafirma, esta vez desde el lado de las víctimas, el perverso daño del narcotráfico y su influencia nefasta en la dinámica de la violencia.

Por otro lado, son pocos, por fortuna y en contra de la idea que envían los medios, los asesinados miembros de oenegés (3), sindicalistas (1), líderes indígenas (2). En cambio, 50 fueron los desmovilizados o reinsertados asesinados el año pasado. Son muchos. Soy y seguiré siendo muy crítico del pacto con las Farc y encuentro más razones para serlo con estos datos sobre homicidios en el 2019, pero no hay duda de que debemos hacer todo lo posible para proteger a quienes hayan dejado las armas.

Sigue en Twitter @RafaNietoLoaiza

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