Fanáticos vs. Demócratas

Fanáticos vs. Demócratas

Enero 11, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

He concluido que, en el siguiente sentido, yo no soy Charlie Hebdo. Creo que el humor no tiene que pasar por la ofensa y la blasfemia. Ofensas y blasfemias que en el caso de la revista satírica francesa se extendían a otras religiones y no solo a la musulmana y que incluía a minorías políticas y raciales. Ridiculizar las creencias religiosas, insultar, ofender deliberadamente, es poco civilizado, poco respetuoso, poco tolerante.Dicho esto, yo sí soy Charlie Hebdo. Y lo soy porque creo que en una democracia el único límite a la libertad de expresión deben estar en la injuria y la calumnia y no en el criterio arbitrario de un funcionario gubernamental o de juez. Le tengo pavor a la censura y no dudo ni por un instante en que es un error acallar a quienes se salen del esquema, rompen los moldes, acuden a la sátira e incluso a la ofensa, son bufones o excéntricos. Por eso no deja de sorprenderme el silencio cómplice de quienes han callado con la persecución del Gobierno a los periodistas y columnistas críticos de su gestión.Y soy Charlie Hebdo porque, por supuesto, rechazo desde el fondo de mi alma la acción criminal de los fanáticos que deciden asesinar a quienes los ofenden. Quienes matan a quienes piensan distinto a ellos, sea cual sea el motivo, solo merecen la cárcel. Y eso incluye a los fundamentalistas, a los integristas islámicos, a los yihadistas de todos los pelambres que han decidido imponerle a los “infieles”, a punta de terror, su visión religiosa.Pero el problema no solo es el fundamentalismo religioso. El problema es el fanatismo en todas sus especies y variables, religiosas y políticas. Igual de condenable es el miembro de Al Qaeda que asesina por sus convicciones religiosas que el neonazi o el fascista por las suyas raciales o políticas. O el comunista, puestas así las cosas. Los que resultan detestables, y hay que condenar, son todos los que deciden que usar la violencia está justificado para alcanzar un ideal político o defender una visión religiosa. Y por ese ideal o por esa creencia secuestra, asesina, acude al terrorismo. Lo que se condena es el método, el medio violento para imponerle a los demás las creencias propias. Por eso en Europa el asesinato político es más duramente condenado que el común. El “delito político” es causal de agravamiento de la pena y nunca lo justifica.En Europa el asesinato de los miembros de Charlie Hebdo, y hace dos días de cuatro personas más, acorraladas por los terroristas en un mercado judío, ha movido a la unidad de los demócratas, sin distinción de religión, partido o ideología, en defensa de la libertad y contra el terrorismo. En su momento, fue lo mismo que consiguieron los españoles contra ETA. Aquí no hemos sido capaces.Peor aún, no solo no nos atrevemos a decir que no hay mayor diferencia entre los terroristas de Al Qaeda o el Estado islámico y los de las Farc y el ELN, sino que hay quienes defienden su supuesta “motivación altruista” y pretenden que sus crímenes queden sin castigo. Si los fundamentalistas islámicos están matando desde el 11 de septiembre, nuestros fanáticos asesinan hace cincuenta años. Sí, necesitamos unidad y acción contra los violentos, contra los terroristas, contra quienes quieren imponernos por la violencia su visión del mundo. Y necesitamos defender a quienes, así ofendan, solo tienen la palabra y el lápiz para expresarse. Es la libertad frente al terror, la civilización frente a la barbarie. Sí, también yo soy Charlie.

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