Detrás del Catatumbo

Escuchar este artículo

Detrás del Catatumbo

Julio 07, 2013 - 12:00 a. m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Este gobierno, experto en ceder cuando lo aprietan, vive en el intento de atajar paros y huelgas. Se suceden, uno tras otro, con sorpresa de ministros que no entienden como ellos, que presumen de tener buenas relaciones con quienes se mueven en el ámbito de su competencia, se ven enfrentados a constantes bloqueos y reclamaciones. Es el resultado de fomentarlos con su actitud permisiva y propensa a ceder a la presión y al chantaje, en ese ánimo constante de no molestar a nadie, de darle a gusto a todos. Recogen lo que siembran. Es propio de la democracia que haya lugar para la protesta y no solo no puede ser criminalizada sino que debe estar jurídica y físicamente protegida.Pero la protesta tiene límites, como todos los derechos. Debe ser ejercida con respeto de los derechos de los demás, con sujeción a la ley, y sin poner en peligro la seguridad de los ciudadanos. Son las limitaciones propias de todos los derechos. Además, la protesta tiene que ser legítima y alejarse de la violencia.Ahora, el paro del Catatumbo no es protesta legítima. Me explico: no descarto un componente genuino de una masa campesina abandonada y pobre. Pero a estas alturas no cabe duda de que ahí se juegan otras cartas que trascienden, con mucho, las necesidades básicas insatisfechas de los campesinos. Y todos los naipes están directamente ligados con La Habana.Por un lado, el paro está infiltrado. Las informaciones de inteligencia muestran que diferentes frentes de las Farc tienen gente dentro de los labriegos. Y que al menos uno de los dirigentes tiene vínculos con los subversivos. César Jerez será cualquier cosa menos un campesino, está formado en la antigua Unión Soviética y aparece en los computadores de Alfonso Cano. Lo que no se explica es porque no ha sido vinculado a ningún proceso judicial. Si la Corte Suprema de entonces tuvo la desvergüenza de quitarle todo valor a la información de los computadores de Reyes, para felicidad de Teodora y compañía, nadie tiene idea de qué ha pasado con la que había en los de Cano y Jojoy. En Colombia la justicia no es ciega sino tuerta.Por el otro, detrás del griterío está la defensa de un área plagada de cultivos ilícitos, fundamentales en las finanzas de los subversivos, en especial cuando la erradicación ha sido exitosa. Los cultivos de coca bajaron a 48.000 hectáreas en el 2012, la menor área en tres quinquenios, pero aún se concentra en el Pacífico y, no es coincidencia, en el Catatumbo.Además, las Farc están apuntándole a conseguir una nueva zona de reserva campesina, en línea con lo obtenido en el primer punto de la Agenda en Cuba.Finalmente, el Catatumbo parece ser el ensayo de un gran paro nacional que buscaría presionar al Gobierno para que se quede en la mesa de diálogo, a pesar de la insistencia de las Farc de no dejar las armas y citar a una Constituyente para barajar de nuevo la institucionalidad nacional y el modelo de estado.Quizás por ello el Gobierno remplazó a Lucho Garzón y en su lugar designó como negociador a José Noé Ríos, comisionado de paz de Samper. Lo que no se entiende, sin embargo, es que el Gobierno no se amarre los pantalones si la información muestra que detrás están las Farc y que se vienen bloqueos en todo el país. Pero nadie da lo que no tiene. A este Gobierno no le alcanzan los dientes sino para perseguir a quienes lo critican, precisamente, por ceder a la extorsión y al chantaje.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS