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El gran poder indigenista pisa Bogotá

Octubre 20, 2020 - 11:45 p. m. Por: Poncho Rentería

Si imaginaron los jefes, los poderosos y arrogantes jefes de la minga que el presidente Iván Duque les pediría cacao y les atendería su extenso y confuso petitorio, se pifiaron. Les está faltando cálculo político a los asesores de la minga porque su ultimátum al Presidente es puro infantilismo político. En Bogotá no pueden hacer lo que hacen en Miranda y en Corinto y en las goteras de Popayán que es asustar con su poder, sus marchas y sus arengas belicosas. En Bogotá no hay carretera Panamericana para bloquear.

En Bogotá hay un Presidente que no es demagogo ni es iracundo. Darle un ultimátum a un presidente que eligieron casi once millones de votos es una pifia descomunal, en Madrid dirían que es ‘una gran gilipollez’ por exceso de arrogancia. Se pifiaron quienes desde Toribío, Puracé o Jamundí creyeron que Duque se asustaba. Aterricen en la realidad, don Iván Duque los recibirá donde él señale, cuando él lo decida y no cuando se lo exijan.

Un político sensato les daría a los jefes indígenas un consejo querendón: no desafíen al poder presidencial, no crean ese embuste del ‘juicio al presidente’. Eso lo intentó el M-19 con Belisario Betancur y el buenazo de don Belisario les respondió como tocaba: el Ejército impone el orden. No intenten zancadillas a don Iván Duque porque él manda así sea cordial y dialogante.

En las marchas y manifestaciones abundan los loquitos irresponsables que llevan ‘papas bomba’ untadas de dinamita para reventarle el cerebro a los sencillos policías. Esos loquitos invitan sutilmente al asesinato con grandes avisos que dicen: “Es necesario que muera Uribe”, invitan al atentado personal, algo demencial. ¿Descalificaron esa gigantesca pancarta? No y con eso quedan fatal.

No para el virus su destrucción. Europa endurece la prevención mientras a Bogotá llegaron cinco mil indígenas sin haberse sometido a una prueba médica. Los vi desfilando en Bogotá ayer y sentí pena por ellos, el frío los está castigando, llevan diez días fuera de su territorio y muestran fatiga, mal dormir, penosa situación nerviosa porque una cosa es Caloto y otra Bogotá con su ruido, su tráfico y con medio millón de automóviles. No prolonguen esa minga en Bogotá, Duque no cede a chantajes. Habrá diálogo pero sin exigencias locatas de dirigentes ligerongos que arman el problemón y luego huyen.

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