Tres contra nosotros

Tres contra nosotros

Enero 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Philip Potdevin

Si usted es usuario habitual de Google, Facebook y Amazon, las noticias no son buenas. Toda la información que usted y yo manejamos a través de estos portales reposa a buen cuidado en las agencias de seguridad de los Estados Unidos. Algún día, en cualquier momento puede ser usada en contra nuestro.Es decir, estamos vigilados y rigurosamente controlados. Esto no es nuevo para muchos, pero es incómodo, peligroso, y desmiente la supuesta libertad y autonomía que pregonan las democracias de Occidente.Que estábamos entrando en una sociedad de control lo anunció Foucault a mediados de los años 80. Su colega Deleuze, recogió la teoría de la sociedad de control y la llevó a una mayor refinación. Otros pensadores, Virilio, Negri, Hardt y Sibila han profundizado aún más en el tema. El propio Julián Assange, director de WikiLeaks, que vive atrapado hace 30 meses en la embajada ecuatoriana en Londres, nos ha revelado el alcance de los tentáculos de las agencias de seguridad y su contubernio con las tres grandes de la Internet. Assange califica a Google, en una reciente entrevista concedida a Ignacio Ramonet, como la empresa más influyente del planeta.Si el ser humano vivió en el XIX y en gran parte del XX en una sociedad de vigilancia, a través de instituciones como la escuela, el ejército, el convento, el hospital, o la cárcel; en nuestra época no es necesario encerrar al ser humano en ninguna de ellas para ser vigilado. Vivimos una sociedad ‘abierta’ donde la vigilancia y el control se dan de forma distinta: el rastreo de todos nuestros movimientos, escritos, pensamientos y acciones. Todo va quedando registrado.Un amigo, decano de una universidad, experto en temas de tecnología y conocedor de la forma como es vulnerable nuestra información renunció hace mucho a los teléfonos inteligentes y usa un modelo de aquellos apodados como ‘flecha’. Allí sólo sus llamadas y mensajes de textos pueden ser rastreados.El número de la cédula, en nuestro país, es la puerta de entrada para hacernos el más meticuloso seguimiento: con quién contratamos, quién nos paga, a quién pagamos, qué compramos, de qué manera nos divertimos y con quién interactuamos. No hay escapatoria. Si usamos Dropbox, o cualquier aplicación que reside ‘en la nube’ toda nuestra información es pública. Semana a semana se revela que archivos, fotos, videos que aparentemente eran privados están a disposición de cualquiera.Es el fin de la intimidad. Buen descanso para ella, pues desde el instante en que nos ‘logueamos’ en cualquier sistema de red o wi-fi, inmediatamente quedamos registrados. No hay salida, nuestra vida hoy día está tan intrínsecamente entretejida con las tecnologías de comunicación que no tenemos opción. La única opción es que cada uno decida qué tanto publica, comparte o intercambia a través de la Internet. El auto-control se vuelve una forma más de control.Bienvenidos a la sociedad de control. Atrapados sin salida.

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