¡Otra vez, Tumaco!

¡Otra vez, Tumaco!

Abril 29, 2018 - 06:45 a.m. Por: Pedro Medellín

Mientras el gobierno de Colombia se preparaba para el último envión que lo llevara a ser aceptado como un miembro de la Ocde, en Tumaco un grupo de jóvenes preparaba una gran movilización social, que llamara la atención de los colombianos sobre el abandono y la violencia en que vive el puerto.

Apenas han transcurrido 100 días desde que en enero de 2018 los tumaqueños marcharon vestidos de blanco alarmados por la violencia en el puerto. La razón era simple: en los primeros tres días de 2018, se habían registrado 5 homicidios. Según las informaciones de prensa, entre las víctimas estaba un comerciante conocido como Cheo, que fue asesinado presuntamente por no pagar una extorsión a la Gente del Orden, que es como se hacen llamar los disidentes del Frente Daniel Aldana de las Farc. Por esos mismos días, en el barrio Bello Horizonte, en el municipio de Barbacoas, fueron asesinados dos menores de 13 y 14 años, al tiempo que en la vereda Piscuandé de Roberto Payán, fueron encontrados tres cuerpos en alto grado de descomposición, con un letrero que decía “feliz navidad y próspero año nuevo”.

Hace 100 días la situación en Tumaco era de tal gravedad, que la propia Defensoría del Pueblo emitió las Alertas Tempranas 003 y 004, del 4 y 7 de enero de 2018 debido al incremento de las acciones violentas en Tumaco y en municipios ubicados en la cuenca del río Patía, especialmente Policarpa, Cumbitara, Barbacoas, Roberto Payán y Magüí Payán, “que hacen probable el agravamiento de la situación humanitaria por la ocurrencia de amenazas, homicidios, confinamientos y desplazamientos forzados de la población”.

A la Defensoría le preocupaban, “las restricciones a la movilidad de los pobladores a determinadas horas de la noche; las amenazas contra líderes sociales, autoridades étnicas, defensores de derechos humanos y autoridades locales; reclutamiento y utilización ilícita de niños, niñas y adolescentes; extorsiones; confinamientos de la población, desplazamientos forzados individuales y masivos, siembra de minas antipersonal y artefactos explosivos improvisados”.

Era el resultado del combate abierto que se ha desatado por controlar las 16.690 hectáreas sembradas de coca, en que andan empeñados el ELN y los grupos armados ilegales integrados por “personas que no se acogieron al proceso de paz o que se apartaron del proceso de reincorporación de las Farc – EP que se autodenominan ‘Guerrillas Campesinas’, ‘Resistencia Campesina’, ‘Guerrillas Unidas del Pacífico’, ‘Los del Vaca’ y ‘Los de Sábalo’”.

Pese a que, ante las alertas, el gobierno tomó la decisión de movilizar 2 mil soldados hacia Tumaco, en una operación sin precedentes en el país, en la realidad esa fuerza no produjo los resultados esperados. La violencia no ha cedido un centímetro, y la industria de la coca avanza a pasos agigantados. Tanto que Tumaco es la ‘capital de la coca’ en Colombia. Hace un año la Dijin calculaba que desde allí salían “unas 315 toneladas de coca al año. Eso equivale al 80 por ciento de todo lo que produce el país”. Hoy ese monto fácilmente podría superar las 500 toneladas de coca que salen al año, con destino a los mercados externos. El problema es que no le sirve a nadie.

Las cifras de Tumaco no podían ser peores. Con una Tasa de violencia que supera los 70 homicidios por cada 100 mil habitantes, una economía sumida en la informalidad (y que a duras penas puede ofrecer algún empleo de calidad a uno de cada cinco habitantes), y en la que seis de cada siete habitantes viven en la pobreza y uno de cada seis tumaqueños vive en la pobreza extrema. Solo uno de cada cinco jóvenes que ingresa a la secundaria, logra terminarla. Y uno de cada cinco está en los límites del analfabetismo. Y ni hablar sobre las condiciones de salud o vivienda en el puerto.

Apenas han pasado 100 días, y otra vez los tumaqueños tienen que movilizarse, vestidos de blanco, como un símbolo de rechazo a la violencia y el abandono al que parecen estar condenados… Mientras Colombia aspira a ser miembro de la Ocde.

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