Cortázar tanguero

Cortázar tanguero

Diciembre 09, 2018 - 06:45 a.m. Por: Pedro Medellín

Debían ser las 2 de la mañana, por allá en 1984, cuando el locutor anunciaba la llamada de un oyente a su programa radial. “Buenas noches”, dijo Antonio Ibáñez, que había dedicado la emisión de su programa al tema ‘Cortázar tanguero’. “Buenas noches, Antonio”, dijo una voz muy familiar al otro lado de la línea. “Quisiera participar en el programa, mi nombre es Belisario Betancur”. “Belisario, ¿el Presidente?”, interrumpió Antonio. “Sí señor, el mismo”, contestó con sencillez el gobernante. “Gracias por darme la oportunidad. Quisiera hablar sobre esa faceta desconocida del gran escritor Julio Florencio Cortázar, como compositor de tangos”. Así comenzó el mejor discurso que he escuchado sobre la vida del escritor argentino.

Fueron dos horas de la más sorprendente muestra de erudición sobre el tango y la literatura. Y más cuando en las dos horas anteriores, Ibáñez había llamado a prestigiosos intelectuales y pseudo-intelectuales que por entonces merodeaban (y posaban como tal) por y en el Palacio de Gobierno, sin que ninguno de ellos tuviera la más mínima idea de la relación de Cortázar con el tango.

Esa anécdota, mostraba de cuerpo entero la dimensión intelectual y humana de Belisario Betancur. Un político de verdad. De los que dejó huella, por lo que hizo y por lo que dejó de hacer. Que hizo de la política una forma de vida decente y digna. Se podía estar en acuerdo, o desacuerdo con él, pero jamás se podrá decir que fue infiel a sus ideas políticas, su carta de navegación.

Tres millones doscientos mil colombianos entregaron su voto para que diera curso a su proyecto político. En su posesión, hizo público su propósito de paz, diciendo “Levanto una blanca bandera de paz para ofrecerla a todos mis compatriotas. Tiendo mi mano a los alzados en armas para que se incorporen al ejercicio pleno de sus derechos”. Así arrancó un proceso que mostró lo traumático que es ese camino hacia la paz. Las negociaciones abren paso a la Unión Patriótica, un partido político que, al ganar 16 escaños en el Congreso, 16 alcaldías y cerca de 300 curules en concejos municipales en todo el país, se mostró como alternativa al bipartidismo de liberales y conservadores (para entonces, se trataba de una guerrilla de contenido ideológico, sin vínculos con el narcotráfico, que no había cometido las masacres o delitos de lesa humanidad en que incurriría después).

En su propósito de robustecer la democracia, Betancur logra la aprobación de las leyes que fortalecen, administrativa y fiscalmente, a los departamentos y municipios. Con la Ley 14 de 1983 y la Ley 12 de 1986 y sus decretos reglamentarios, transfiere responsabilidades y recursos del nivel central al descentralizado. Y con la elección popular de alcaldes (Acto Legislativo 1 de 1986), logra la más importante reforma política de los últimos tiempos.

Sin embargo, en su gobierno, Betancur debió enfrentar dos grandes monstruos: 1) La declaración de guerra de los narcotraficantes contra el Estado, que cobra como primera víctima al ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla; y 2) la torpeza estratégica de la guerrilla colombiana que se inaugura con la toma del Palacio de Justicia en 1985 por parte del M-19.
Son los dos hechos claves en el desatamiento de una crisis política que no sólo arrasa con la justicia y ahoga los procesos de paz y de reforma política que daban su primer paso con la descentralización política y administrativa. También le abrió la puerta a unas fuerzas oscuras que han llevado al país por el camino de la violencia y la corrupción del que no hemos podido salir.

Belisario fue un hombre de Estado, tan consciente de su responsabilidad política, que al salir de la presidencia, ni siquiera su decisión de marginarse de la política, le ayudó a mitigar el dolor de no haber podido evitar el golpe de Estado que acabó con la majestad de la Corte Suprema de Justicia, que hoy no se ha podido recuperar.

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