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Soñar no cuesta nada

Febrero 14, 2021 - 06:25 a. m. 2021-02-14 Por: Patricia Lara

Esta semana hubo un cruce de cartas entre el antiguo jefe de las Farc, Rodrigo Londoño, y el expresidente Juan Manuel Santos, que el gobierno minimizó.

Por una parte, Londoño, quien en su misiva escribió la triste frase de que hoy “el Acuerdo de Paz se parece más a la muerte que a la vida”, les rogó a Santos y al presidente Iván Duque que se reúnan con los firmantes del acuerdo para salvar el proceso. “Hablemos de los desafíos” (…) Unámonos”, agregó.

Y Santos, por su parte, afirmó que siempre ha creído que cuando las circunstancias lo demanden, “todos debemos dejar a un lado nuestras diferencias (…) y demás sentimientos que alimentan la polarización, para trabajar juntos por objetivos superiores(…). Y la paz es, sin duda, uno de esos objetivos”. Y añadió: “Basta una señal del Palacio de Nariño para proceder a solicitar la reunión formalmente por los conductos regulares”.

A renglón seguido planteó que a la reunión propuesta por Londoño asistieran también dos de sus negociadores, Humberto de la Calle y el general Naranjo, quien es el que más conoce el tema de las garantías de seguridad establecidas en el acuerdo, así como los delegados que escogieran tanto el Presidente Duque como las antiguas Farc. Y agregó que el tema de discusión sería la implementación de los acuerdos en general y la seguridad en particular.

Sin embargo, el consejero para la Estabilización y la Consolidación, Emilio Archila, con la prepotencia que lo caracteriza, declaró que el encuentro propuesto por Londoño para analizar el asesinato de excombatientes y la implementación del Acuerdo de Paz, no era “relevante”.

Al parecer, para Archila no es relevante que hayan asesinado a 256 excombatientes de las Farc que se acogieron al Acuerdo y dejaron las armas con la promesa de que el Estado les brindaría las garantías de seguridad necesarias para construir una vida en paz.

Y seguramente no lo es porque, para Archila, todo va divinamente. Sin embargo, los asesinatos de excombatientes y de líderes sociales crecen día a día. Tanto es así, que a partir de la publicación del aterrador informe de Human Rights Watch sobre homicidios de defensores de derechos humanos, el portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Ned Price, le hizo saber al presidente Iván Duque que una de las “máximas prioridades”, para el presidente Joe Biden, es que se aclaren los asesinatos de líderes sociales. “Estamos preocupados por la violencia en curso contra los defensores de los derechos humanos, quienes desempeñan un papel vital en la construcción de una paz justa y duradera en Colombia. La reducción de esta violencia y el procesamiento de estos crímenes, son una de las principales prioridades tanto para EE.UU. como para Colombia. Es un tema que hemos trasladado al Gobierno colombiano”, dijo Price.

De modo que el comisionado Archila y el presidente Duque no pueden seguir sacándole el cuerpo al asunto: que cesen esos crímenes, ahora, es fundamental no solo para la paz del país sino también para las buenas relaciones entre Colombia y EE.UU.

Así las cosas, ¿por qué Duque no acepta la propuesta de Londoño, se reúne con él y con Santos y los tres, al unísono, más sus respectivos equipos, analizan con honestidad qué ha fallado en la implementación del Acuerdo y en las garantías de seguridad que se han brindado y les mandan un poderoso mensaje a los enemigos de la paz en el sentido de que no triunfarán? Soñar no cuesta nada…

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