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Estoy con usted, monseñor Darío Monsalve

Julio 19, 2020 - 06:25 a. m. Por: Patricia Lara

Como bien dice Aura Lucía Mera en una reciente columna de El Espectador, en la cual defiende, como se lo merece, al arzobispo de Cali, monseñor Darío Monsalve, “lo que les rasga las vestiduras no son los asesinatos, sino el término ‘genocidio’, que es sinónimo de vergüenza para un país”.

Se refería ella a los ataques recibidos por Monseñor a raíz de esta afirmación suya: “Se sentía un espíritu de venganza contra el gobierno de Santos y estos procesos. Espíritu de venganza contra el pueblo que acompañó estos procesos, una venganza genocida para desvertebrar, para desmembrar completamente la sociedad, las organizaciones sociales, la democracia”.

Una vez conocido lo dicho por Monseñor Monsalve, se desató una tormenta y saltaron el Nuncio y otros sectores a apoyar al gobierno y a descalificar el uso, por parte de él, de la palabra genocidio.

Según el diccionario de la Real Academia, genocidio es “la aniquilación o exterminio sostenido y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos”.

Si es así, ¿no corresponde a la definición de genocidio lo que sucede en Colombia? ¿No es genocidio haber asesinado a más de quinientos líderes sociales? ¿Y no es una venganza genocida haber matado a cerca de doscientos veinte excombatientes de las Farc que entregaron sus armas y se reintegraron a la vida civil?

¿Y se puede negar que en el gobierno Duque ha reinado un espíritu de venganza contra Santos y el proceso de paz? Por supuesto que no. Si hasta en algunos círculos se prohibió el uso de la palabra paz; si se instauró en cambio el término de ‘paz con legalidad’ aduciendo, indudablemente, a que consideran que la anterior paz fue una ‘paz con ilegalidad’; si desde que se posesionó Duque intentó objetar partes sustanciales de la Justicia Especial para la Paz…

¿Y se puede negar que ha habido una venganza genocida? Pues tampoco. Puede ser que el gobierno no haya cometido directamente el genocidio. Pero sí lo ha propiciado al haberse negado a implementar completamente el Acuerdo de Paz, especialmente en lo que tiene que ver con los programas de sustitución de cultivos ilícitos y con la operatividad de la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad que, según el Acuerdo, debe ocuparse del desmantelamiento del paramilitarismo y de la aplicación, en los territorios, de medidas de protección colectivas y concertadas con las comunidades.

El gobierno no hace más que insistir que hace mucho. Pero otra cosa piensan los líderes sociales: “Que nos den un celular y un chaleco anti balas no soluciona nada”, me dijo un líder del Bajo Cauca. “Por el contrario, agrava la situación porque nos vuelve más visibles”.

Es indudable también que el genocidio se ha desarrollado en medio de la indiferencia del gobierno. Si no fuera así, ¿dónde están las más de quinientas condenas del presidente Duque por el asesinato de los más de quinientos líderes sociales? ¿Y dónde están las casi doscientas veinte condenas de Duque por los homicidios de los casi doscientos veinte excombatientes de las Farc? ¿Y dónde están las medidas de protección eficaces para los unos y los otros?

Definitivamente, como cree Aura Lucía, lo que no les gusta es que monseñor Darío Monsalve diga las cosas por su nombre. Lo que no les gusta es que se sepa la verdad. Por eso, porque él tiene el valor de decirla, y porque es un trabajador incansable por la paz, le expreso, monseñor Monsalve, mi respeto y mi solidaridad.

Sigue en Twitter @patricialarasa

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