Los libros están vivos

Noviembre 19, 2017 - 11:45 p. m. 2017-11-19 Por: Paola Guevara

Los libros están vivos, se esconden cuando los buscamos y no quieren ser encontrados; nos hacen jugar al gato y al ratón y un día, cuando están listos para ser hallados, se revelan sobre la mesita donde -juramos- buscamos varias veces.

Miras el estante y no están. Han desaparecido sin que intervención humana alguna los haya mudado de gaveta. Miras de nuevo seis meses más tarde y allí estaban, en primer lugar, esa novela de Delphine de Vigan que se fue de viaje con las cartas de Henry Miller y Anaïs Nin. No osas preguntarles dónde han estado, tienen vida secreta. Han vuelto y te basta.

Otros tienen sentido del humor y juegan con nosotros. No es broma lo que digo: compro ‘Un tal Lucas’, de Cortázar, para reemplazar al que me salió empastado al revés. Llego a casa, rasgo el protector plástico y de nuevo sale empastado al revés. No es broma, tampoco, que un amigo perdiera ‘En busca del Tiempo Perdido’.

Algunos libros intuyen que serán prestados y, como temen no volver a casa, huyen fuera de nuestro alcance. Nos obligan a ir a la Librería para comprar un nuevo ejemplar y, cuando regresamos con el paquete bajo el brazo, aparecen como si nada, como si pasado el peligro pudieran salir de su escondite.

Los libros están vivos y nos dejan saber que tienen control sobre sí mismos. Se dejan caer de un estante sobre nuestro pie desnudo en el momento oportuno, para decirnos algo. Ellos son hijos del azar y el destino, nunca sabes dónde terminarán sus días.

Y algunos sin autorización, como en mi caso, cambian el nombre de un personaje sin que autor, editor ni corrector de estilo hallemos explicación. Fue el libro, como diciendo “tengo una idea mejor”.

Los libros están vivos y se pelean con nosotros, se alejan de nuestras manos cuando sienten que no hemos sabido merecerlos, se cierran como un puño rebelde para no dejarnos entrar, nos rechazan ellos a nosotros, no nosotros a ellos como nos ha hecho creer nuestro triste antropocentrismo.

Pero otras veces deciden que están listos para entregarse, como un amante generoso, y se abren de par en par para poseernos con fruición, y hay unos -lo sabemos- que emprenden una larga travesía y despliegan su estrategia secreta para llegar a nosotros.

Los tomamos en nuestras manos y sabemos que este encuentro no es casual, que este libro nos ha buscado y encontrado, que se nos otorga como un regalo del universo.

Y entonces nos sentimos afortunados de acariciar su existencia de papel, agradecemos al árbol que murió para servir como embarcación portadora de este mensaje que ahora, ahora sí, como si no hubiera otra prioridad en la existencia, nos disponemos a leer.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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