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Huye, Tomás

Noviembre 29, 2020 - 11:45 p. m. Por: Paola Guevara

En un acto de lagartería insufrible, un grupo de políticos intenta posicionar la opción de Tomás Uribe como próximo candidato presidencial de Colombia, en esta finca-nación que se acuesta como una maltrecha democracia un día y amanece como monarquía hereditaria al otro.

Hacen su juego, tan predecible, de lanzar la idea al aire, como quien no quiere la cosa, como jugando al pretendiente esquivo. Todo para medir la opinión pública, para preparar el ambiente, para causar (creen ellos) menos resistencia a la idea con el tiempo.

Lo más seguro es que semejante propuesta, por kamikaze, no haya surgido del Padre, ni del Hijo, ni de una Paloma, pero sí de un grupo de áulicos en rodillera y eterna actitud mendicante de votos y embajadas.

Lo que demuestra esta salida desesperada, para empezar, es que el concepto de presidencia en cuerpo ajeno se agotó; primero por la que consideran “traición” de Santos, quien apostó por su propia visión en lugar de interpretar el rol del mandadero obsecuente.

Segundo, por la presidencia de un mucho más joven y moderado Iván Duque, que no termina de convencer al ala más radical del movimiento.

Así que, revisando el álbum panini de la selección uribista, les hace falta un 10, un anotador de nivel maradoniano, un gambeteador supremo; un ganador nato, así los goles los anote con la mano.

Carisma escaso, unos; ascendencia popular escasa, otros; brillo argumental escaso, marcación escasa en los sondeos, es lo que abunda en la banca de suplentes. De ahí que la sola propuesta de candidatura del delfín sea una confesión de desesperanza.

Básico el pensamiento de fondo: para que no nos ‘traicionen’ por acción o por omisión, lo mejor será delegar los destinos de la religión; perdón, del partido, en quien sea sangre de la sangre y carne de la carne del líder.

Proponen otra presidencia en cuerpo ajeno, pero esta vez engendrado, no señalado, de la misma naturaleza del Padre. Un ‘The Crown’ criollo, una cuarta temporada que se confía con demasiada prisa en la lealtad de los seguidores pasados.

Sin tener en cuenta que hay un amplio sector hastiado, que históricamente se ha decantado por la derecha o el voto en blanco (que viene siendo lo mismo); electores de centro que esta vez preferirían votar por Petro aunque le teman, o por Fajardo aunque no los convenza, o por una tercera vía con rector de Los Andes abordo, y no por el que diga un sanedrín que, a falta de ‘gente’, apela al ‘gen’.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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