El lama y el padre Linero

El lama y el padre Linero

Septiembre 09, 2018 - 11:45 p.m. Por: Paola Guevara

Por estos días tuve la oportunidad de dialogar con el lama tibetano Tritul Rimpoché, invitado a Exposer 2018. A los 3 años de edad él fue identificado como la reencarnación de un iluminado, y desde los 4 años fue apartado de su familia de sangre para ingresar al monasterio donde fue formado en los principios de la sabiduría budista.

Al cumplir 30 años Rimpoché decidió abandonar la vida monástica, pero temía la reacción de su maestro espiritual. Pensó que habría resistencia o recriminaciones de su parte, pero el maestro escuchó tranquilo, sin interrumpir, y al cabo de una breve pausa le dijo con voz amorosa “bueno, muy bien”.

Su maestro añadió que la vida laica era tan difícil como la vida en un monasterio, aunque con retos distintos, pero le alentó al recordarle que todas las enseñanzas que había adquirido como lama habrían de servirle ahora en el nuevo camino espiritual que seguía.

Rimpoché se quedó sorprendido por la sabiduría de su maestro. Y por la reacción amorosa de los demás monjes, quienes lo rodearon y apoyaron, sin juzgar, y con quienes hoy tiene una amistad y hermandad eternas.

Caso distinto fue el de sus familiares, que al conocer la noticia se cubrieron el rostro con las manos en señal de vergüenza y preguntaron “ahora qué les diremos a nuestros vecinos”.

Rimpoché respondió con calma que lo que dijeran a sus vecinos era su elección, y lo que sintieran o no en torno a su decisión de vida era asunto de cada uno. De su maestro tibetano aprendió que el camino espiritual no se puede forzar, y que quien es espiritual puede expresarlo desde cualquier camino, no solo desde el monasterio.

Le conté el caso del padre Alberto Linero, que acaba de renunciar a su sacerdocio, y le hablé de los durísimos comentarios que dejan los lectores en su contra, en los foros de los medios de comunicación. Recuerdo un comentario en particular, que me impactó mucho, por su ensañamiento: “Si Jesús lo llena todo, incluso la soledad, entonces todo lo que usted predicó como sacerdote fue falso, porque no pudo aplicarlo a usted mismo”.

El lama Rimpoché, quien ahora va por el mundo llevando la espiritualidad budista a los occidentales, como laico, solo guardó silencio. Él, que ahora medita mientras monta en bicicleta y pasea a su perro por las calles de Madrid, España, prefiere no juzgar. Cuánta falta nos haría un poco de su silencio. Un poco del silencio de su maestro.

¿Por qué sentimos que la vida de Linero nos pertenece? ¿Con qué derecho nos sentimos autorizados para condenarlo por una decisión tan íntima? ¿Por qué le dificultamos lo que ya debe ser sumamente difícil? Solo comienza otro camino para él, no menos espiritual, e incluso más exigente. Que lo aprendido en sus años de sacerdocio le sea tan útil, como a Rimpoché.

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