Escuchar este artículo

Con las instituciones

Agosto 09, 2020 - 11:45 p. m. Por: Paola Guevara

Los que creen que Uribe es el Gran Colombiano, incontrovertible y probo presidente eterno, seguirán creyéndolo sin sonrojo y sin admitir matices de ningún tipo. Y los que ven en el expresidente y sus políticas la encarnación misma de una ultraderecha despojadora y paramilitar, lo seguirán creyendo hasta la urna o la tumba, sin admitir atenuantes ni contextos históricos de ningún tipo.

Ningún bando cambiará de parecer. Los mismos hechos serán interpretados por unos como confirmación de su inocencia y por los otros como ratificación de su culpabilidad.

A esto se le llama sesgo cognitivo y lo describe así el premio Nobel de economía, Jean Tirole: “Interpretamos los hechos a través del prisma de nuestras creencias y, por tanto, nos empecinamos en ellas ya sean correctas o incorrectas”.

Tirole cita el caso del profesor de la Universidad de Yale, Dan Kahn, quien presentó los mismos datos sobre calentamiento global a dos grupos de personas.

Al final de su exposición, los demócratas estaban más convencidos que nunca en la necesidad de actuar contra el cambio climático. Y los republicanos, ¡basados en los mismos datos!, terminaron aún más convencidos de su escepticismo en el tema.

Los hechos desapasionados poco suelen importar hoy a los opinadores, porque resulta más sencillo arder en certezas por las cuáles morir o matar, que analizar de forma objetiva los acontencimientos. Y de esos extremismos sabemos mucho los colombianos, que un día tenemos la copa mundial en el bolsillo y al otro somos el hazmerreír; que un día endiosamos a Nairo y al siguiente lo decretamos quemado.

No ayudan las redes sociales y sus algoritmos que “leen” nuestras preferencias y nos presentan una selección del mundo a nuestra manera, lo que nos va entrenando en la creencia autocomplaciente, perezosa y anticientífica de que solo nosotros y los que piensan como nosotros tienen la razón.

Esta semana algunos salieron a proponer una nueva Constitución, hágame el favor, como si esta dependiera de la coyuntura del momento o estuviera atada al destino de un solo hombre. Y otros estaban tan felices por la decisión de la Corte que, por arte de magia, “recuperaron la fe” en las instituciones (y así mismo la perderán de nuevo si la decisión final no los complace).

Tal vez nadie pueda cambiar el parecer de los otros, pero sí debe unirnos el respeto por las instituciones. Recordemos que es en ellas, y no en el líder de turno, donde cabemos todos.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS