Calintura

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Calintura

Diciembre 29, 2019 - 11:45 p. m. Por: Paola Guevara

La noche prometía un concierto histórico en Cali. La multitud efervescente se aglomeraba, se amalgamaba, era un solo organismo caliente con ganas de bailar. Las mesas altas eran pocas, muy pocas para semejante multitud. Y sin sillas, moverse y fundirse en la marea humana era imperativo para existir.

Vi la esquinita de un muro bajo que hacía parte de la edificación, y fui a sentarme brevemente para descansar los pies en medio de la larga espera por la orquesta estelar, cuando un hombre joven y elegante vociferó con áspero acento “andáte de aquí, quitáte, que aquí ya estamos nosotros”. Su tono, de disparo. Su respiración agitada, desproporcionada para un asunto tan inocuo.

Desde que el 21N demostró que cualquier buen vecino está potencialmente armado hasta los dientes, negarse no se vuelve una opción. Así que ofrecí mil disculpas al grupo Very Important People de seis hombres con sus respectivas parejas.

Giré y puse mi bebida en la esquinita de una mesa alta rodeada de un hervidero de personas revoloteantes y danzarinas, ataviadas en flamantes trajes y joyas, y vino la reprimenda: “Esta es nuestra mesa, abríte, quitá este vaso de aquí”, con empujón que no se distinguía si era violento o simplemente un contoneo de cadera danzante.

La misma escena al pasar, al seguir, al mirar, y al día siguiente la noticia en el diario: 1000 riñas se registraron en Cali durante Noche Buena. La línea 123 de la Policía recibió 710 reportes de riñas. Es el fenómeno que causó más desórdenes de orden público en la ciudad.

Los reportes posteriores anunciaban que en la Pasoancho con 66, zona rosa, transeúntes enardecidos treparon sobre un vehículo particular y saltaron sobre él para romper sus vidrios y dejar irreconocible su carrocería. Una menor hirió con arma blanca a una mujer de 21.

En Salomia dos mujeres chocaron muy levemente sus autos y terminaron en una violenta confrontación. En las tascas se ‘atascaron’ a golpes varios grupos, por diferencias menores, porque lo que importa no es solucionar o conciliar, sino hacerle saber al otro que cualquier impasse, un tropezón, una mirada, o la posesión de una simple baldosa, se resuelve a los puños.

La explicación de siempre, que en Cali hay mucho foráneo, que en Cali el desorden ocurre solo en ciertos sectores o estratos (como si no se oyera cada año de riñas de socios de respetados clubes), no es suficiente.

Mejor desarmar la conducta en la rumba y al volante, y reservar la calentura para la pista de baile, para el beso, para el amor, para el abrazo a la familia, para el encuentro entre amigos. Más perdón, lo siento, siga, gracias, no se preocupe, y menos acciones que suman a Cali en una mala Calintura.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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