Un país inviable

Un país inviable

Junio 05, 2019 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

No es por su cascada de impuestos, su ley de financiamiento, su pobre crecimiento económico de 2,8% en el primer trimestre, su inflación del 2,12% a abril o el alto nivel de desempleo que se ubicó en 10,3% en abril. Tampoco por sus niveles de pobreza, que fue del 27% el año pasado. Su baja cobertura en educación y salud; su agiotista sistema financiero o los $50 billones al año que se roba la corrupción.

No son sus problemas de infraestructura, empresas de servicios públicos y sistemas de transporte masivo quebradas, la inseguridad de sus ciudades principales o la polarización que nos dividió en dos naciones, capaces de autodestruirse la una a la otra.

No, definitivamente no es nada de eso. Siendo todo ello tan agobiante, hay otras razones que deberían preocuparnos mucho más, aunque se diluyan con rapidez en el espiral de una Colombia, donde lo importante se sumerge en el olvido.

Somos un país inviable cuando una niña de 11 años aparece muerta en la zona de bajamar en Buenaventura con señales de tortura y dos días después se descubre que fue su tío quien la asesinó.

Somos un país inviable cuando dos niñas de 7 y 11 años estallan en llanto en una jornada de prevención sexual en Andalucía, Valle, y cuentan que su padrastro las abusa; hecho que aunque Medicina Legal corrobora el sistema judicial no puede poner tras las rejas al sindicado, porque no fue capturado en flagrancia.

Y somos inviables también cuando una mujer es brutalmente asesinada y su cuerpo aparece en un río, en Caldas, días después de haber salido de su casa en el barrio Los Naranjos, para encontrarse con su expareja y padre de sus 4 hijos, hoy desaparecido.

Este año, en el inviable país del ‘Sagrado Corazón’ van 2695 menores de edad víctimas de violencia interpersonal y 2400 víctimas de violencia intrafamiliar, según Medicina Legal. Y el Icbf Valle ha realizado 255 procesos de restablecimiento de derechos de niños, niñas y adolescentes víctimas de delitos sexuales en el departamento.
Increíble. Somos un país incapaz de mantener nuestra niñez a salvo de sus verdugos; un país donde los huérfanos de los feminicidios se multiplican sin lograr evitarlo; donde las cifras de violencia intrafamiliar asustan tanto o más que la inoperancia de la justicia, y donde la salud mental de sus habitantes es tan de poca relevancia para sus gobernantes, aunque esa sea la raíz de todos nuestros males.

La niña que apareció en bajamar, en Buenaventura, se llamaba Diana Tatiana Rodríguez. La caleña hallada muerta en el río, en Caldas, se llamaba Lady Soto. Dos rostros de una misma tragedia que hace rabiar el corazón. ¿Habrá manera de exorcizar tanta maldad y sevicia, siempre capaz de superarse a sí misma como si no hubiese sido suficiente ya? Por desgracia, eso también parece inviable.

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