La epidemia feminicida

La epidemia feminicida

Abril 25, 2018 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

Su nombre más reciente es Diana Ximena. El domingo fue Lady. Hace un par de días, Jhor Jhany. Hace unas semanas, Valentina. Katherine. Sandra Patricia. Beatriz. Yuliana. María Darly. Sandra Mary. Ladys Zorayda. Nubia. Támara. Rosileny. Luz Fanery. Todos ellos, nombres reales, con historias reales, interrumpidas por el crimen.

Son 15, en apenas 115 días, en apenas 17 semanas. 15 femincidios en el Valle, 10 de ellos ocurridos en Cali, 2 en Yumbo, 2 en Candelaria y uno en Zarzal, en lo que va del 2018. Es como una epidemia. Una epidemia feminicida. Una cadena que parece imparable. Una desgracia.

No vale la pena siquiera relatar cómo las mataron. Nada les devolverá la vida. Nada les devolverá la mamá a sus hijos, ni la hija asesinada a sus padres. Nada las traerá de nuevo a casa. Sus historias ya hacen parte del espantoso aumento de feminicidios, que en 2017 llego a 21, según la Fiscalía seccional Cali y que ya va en 15 casos sin siquiera terminar el cuarto mes del año. Sus casos ya hacen parte de sendos expedientes de un fenómeno incontenible en el mundo, que infortunadamente encontró en nuestra ciudad tierra ‘fértil’ para reproducirse.

Como si no fuese suficiente ya lidiar con nuestros propios y no menores demonios, resulta que también hacemos parte de las ciudades con más feminicidios en Colombia, en América Latina, según los más recientes estudios de violencia de género. Imagínense, solo en lo que va del año, la Casa Matria destinada a la mujer en Cali, ha atendido 817 casos de amenazas o violencia de un hombre contra una mujer; cifra que se triplicó en relación con otros años. No sabe uno entonces si es que ahora están denunciando lo que antes se callaba o que ahora hay más enfermos mentales.

La experta en género Lucía Sabaté dice que la violencia contra las mujeres es un crimen por convicción. “El hombre se siente legitimado, está convencido de que tiene derecho a disciplinar a su mujer, a anularle su individualidad. Y que por más leyes contra la violencia que se promulguen, siempre prima una Ley Superior en el imaginario colectivo, no escrita, metida bajo la piel, impuesta por el bombardeo de publicidad, por la educación en el hogar, por los medios”. En una palabra: machismo.

Solo espero que la visibilidad necesaria que en la prensa le damos al feminicidio, de manera responsable y pedagógica, no esté incidiendo en su aumento. Solo espero que esta epidemia feminicida que parece haberse ensañado con esta ciudad donde confluyen muchas violencias, encuentre pronto la cura en el amor, que se manifiesta de manera formal en la educación y el respeto.

Frente al fracaso de prevenir tantas muertes anunciadas, no nos queda más remedio que resguardarnos en el amor propio y en el amor con que educamos, para que no haya más asesinos que aseguren matar en nombre del amor. 

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