La cultura es un buen plan

La cultura es un buen plan

Junio 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Los he visto de cerca. Convertidos en cangrejos que se arrastran por manglares imaginarios y cuyas palabras se arrullan con los sonidos del Pacífico. Los he visto de cerca: en la trastienda de una casa de San Antonio. Allí, en un espacio con sillas que nos transportan a los antiguos teatros de cine y en un escenario de luces tenues de colores, aparece el grandioso Muchas Patas Volador: un animalito que construye su casa sobre una palmera y cuya fuerza interior le permite volar, a pesar de que su anatomía pareciera condenada a una inexorable conjunción con la arena, con el mar.Los he visto de cerca. Construyendo una realidad que es su vida, que es más que una manera de subsistir. Viven en medio de historias, de hadas, de marionetas, de festivales. Y el ingresar a su espacio vital es una invitación a ese mundo de sueños posibles; donde sólo el amor del artista mantiene abiertos esos lugares que se resisten a la ceguera de algunos administradores de lo público, incapaces de entender que la cultura puede conjurar la violencia y cambiar el rumbo equívoco de ciudades como la nuestra. He visto de cerca la Casa de los Títeres, el espectáculo de Gerardo Potes y de tantos titiriteros que ha traído a Cali. Nunca hemos cruzado palabra, pero lo he visto de cerca. A él, a Lucy Bolaños, a Álvaro Arcos, a Diego Pombo y a otros tantos quijotes, que en distintos rincones de San Antonio, San Fernando y otros puntos de Cali se la juegan por algo que para ellos es más que dinero, más que riqueza.Por eso duele tanto la repetida escena que hoy padece nuestra ciudad, con una cultura mendicante, que al no encontrar otra salida debe gritar a los cuatro vientos que le están quitando el oxígeno. Que no habrá Festival del Cine. Que el Festival de Ballet pendía de un hilo. Que a las salas concertadas les recortaron recursos, porque había que darle más plata a la Feria o a los cuestionados Guardas Cívicos. Pero eso ya es tema trillado. Y al parecer, irreversible. Entonces, más que seguirle echando sal a la herida, lo que deberíamos hacer los nacidos en esta ciudad es volver nuestros ojos hacia esos espacios a veces ignorados. Cambiar el típico plan snob o la repetida tarde de centro comercial por unas crispetas hechas en ollita, a la vieja usanza, y una buena función de títeres. Dejarnos atrapar por esa mística que se respira en las casas viejas donde reside la cultura caleña. Porque quizás la miopía de quienes tienen el poder de adjudicar partidas a la cultura no termine jamás. En cambio, nosotros sí podemos ver más allá, despegar nuestros pies de la tierra y emprender un vuelo hacia alguno de esos rincones tan caleños, tan nuestros, donde hay un universo mágico por descubrir. Seguro que usted y sus hijos lo van a disfrutar. Se los digo yo, que los he visto de cerca.El comentario sangrón: ¿Por que será que la gestión del Alcalde en lo social es tan, pero tan regular? Y ese dizque era su fuerte.

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