¿Chismes de cocina?

¿Chismes
de cocina?

Marzo 13, 2019 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

Bien dice un conocido refrán que “no se puede tapar el sol con un dedo” y complementa otro que “cuando el río suena, piedras trae”. Uno más contundente sentencia que “la verdad siempre sale a flote”. Y eso, señores que manejan a su antojo la republiqueta independiente, o mejor, la dictadura intocable del fútbol en Colombia, parece ser lo que está pasando.

Ya son varias las semanas que venimos asistiendo a lo que bien podría llamarse el #Metoo del fútbol con graves denuncias de acoso sexual y laboral, primero de las jugadoras y ahora de los árbitros. Denuncias detalladas con nombre y apellido de situaciones que por años han sido un secreto a voces y que desafortunadamente se quedaban así porque al final, como lo que hacen allá es mandarle la responsabilidad a la Fiscalía y lavarse las manos, nunca pasaba nada.

Pues bien, esta semana, por fin, vimos cómo a Dídier Luna, uno de los señalados técnicos del acoso a las jovencitas de la Sub17, le imputaron cargos luego de conocerse las denuncias de las afectadas, a quienes lo más bajito que les hacía era “besarlas y cogerles la cola cuando iban en licra”.

Y ahora son los árbitros los que han salido a denunciar haber sido víctimas de acoso por Óscar Julián Ruiz y de la existencia de una rosca en la que no pita y no le va bien si no pagan favores sexuales... Qué vergüenza, por Dios, todo esto el mismo día en que sino es por la presión mediática y de las chicas no se salva la continuidad de la Liga Femenina, a la que los directivos del fútbol nacional siempre le han dado trato de quinta.

Lo más desobligante es escuchar declaraciones como la del presidente de la Dimayor, Jorge Enrique Vélez, quien al preguntársele antier sobre el caso de los árbitros le dice a la prensa que esas denuncias se ponen en la Fiscalía y que él no se mete en “chismes de cocina”.

Así mismito tiempo atrás, el ilustre Álvaro González de la Federación había dicho sobre las denuncias de las jugadoras. Al parecer todo esto reviste poca importancia, porque en últimas lo que importa es el canal Premium, los taquilleros partidos y todo lo que les produzca platica porque, no nos digamos mentiras, el fútbol es un multimillonario y alienante negocio que se aprovecha de las pasiones de la gente y empuja la basura con la escoba debajo de la cama, hasta que algún día alguien corre la cama y bueno.

Pero eso sí, cuando salen los escándalos de la reventa de boletas, de los dirigentes involucrados en el Fifa Gate y tantos y tantos señalamientos, que no son chismes de cocina, ahí sí calladitos. Tranquilos, en tres meses arranca la Copa América, hay amistosos en dos semanas y estamos estrenando técnico. Así que todo este escándalo y las súplicas a gritos para que intervengan el fútbol volverán a archivarse. Así es este espectáculo. El cáncer sigue adentro, un mal partido queda en el olvido y qué siga la fiesta.

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