Cali y La 14

Cali y La 14

Diciembre 19, 2018 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

La noticia se vendió como pan pa’l desayuno: en un comunicado de prensa, La 14 anunció que lograron “estructurar una serie de operaciones, a través del mercado de capital y del sistema financiero tradicional”, lo que le permitió fortalecer las relaciones comerciales con sus aliados históricos.

Increíble. Ayer no hubo noticia que más se leyera en el portal del periódico El País, que esta, proveniente de una muy corta comunicación de la empresa, en la que decían, además, que la “suma de acciones se traducen en un mejor surtido para los clientes, ratificando la promesa de valor que la ha distinguido y por la cual continúa trabajando”.

De inmediato, la gente alimentó la nota con sus reportes de la llegada de productos a los almacenes, como si se tratara de un regalo de Navidad. Todo esto antecedido por los videos del fin de semana, que se viralizaron por redes sociales y por WhatsApp, en los que los compradores grabaron el regreso de la Coca Cola a las góndolas, tras varias semana en las que su ausencia se regó, como un síntoma de una fatalidad. También corría de boca en boca que no había café, que no había azúcar, que faltaba arroz, que escaseaban los productos de aseo, que espaciaron las góndolas para que no se vieran tan vacíos los almacenes. Y todo se contaba con tristeza, con una desazón colectiva.

Ya a mediados de este año se había registrado un intento de uno que otro espontáneo de hacer una vaca para ayudarle a la empresa en su recuperación, para que no desapareciera. Y también hubo un pánico colectivo frente al enésimo rumor de que la iban a vender a una multinacional chilena. Entonces, los directivos salieron a desmentir lo que desde la muerte de su fundador en 2015, don Jaime Cardona, se repite de cuando en vez, una y otra vez.

Con todo este panorama y pese a que sus directivas respondan de manera tan parca a la calidez de su clientela, lo que queda claro es que la ciudad no consiente nada con La 14 y que se resiste a la idea de que la vendan. Porque verla frágil nos hace sentir una suerte de desesperanza.
Pareciera que La 14 tiene un poder capaz de aniquilar el resentimiento y el ‘calibalismo’, que por años nos ha hecho tanto daño como ciudad. Es como un símbolo intocable. Como el pandebono. Como el manjar blanco.

Me cuentan, al cierre de esta columna, que la meta es recuperar la esencia en el surtido, que sea de nuevo un lugar de encuentro y un foco de desarrollo empresarial. Que más allá de las operaciones que se están haciendo para inyectar recursos, la meta es volver a la esencia. Ojalá que así sea.

Y que sus voceros entiendan que en estos tiempos de videos, de redes y noticias falsas y ciertas que vuelan, lo que necesita la gente es que le consientan, que le informen. Porque al final, lo que queda claro, señores Cardona y compañía, es que esta empresa terminó siendo tan suya como nuestra. 

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