Bailar en Cali es esperanza

Agosto 26, 2020 - 11:45 p. m. 2020-08-26 Por: Paola Andrea Gómez Perafan

Cuando Carolina Revelo baila siente que una estrella brilla sobre ella. Así ha sido desde los 7 años, cuando su mamá la llevó a la caseta comunal del barrio El Jardín, para curar con la danza la pena por la muerte de su papá. Desde entonces, Carolina baila para vivir. Por estos días lo hace con un enterizo negro ceñidísimo al cuerpo y el cabello dorado de la eterna Olivia Newton John, en la versión Grease de Delirio.

Brando Pérez es un samario que llegó de 4 años a Cali y que desde siempre se recuerda bailando. Se enamoró en la adolescencia de la escuela Nueva Dimensión, “de esa atmósfera que envuelve al baile, la pista, la música, los uniformes...”. Brando, un mulato de ojos claros que protagoniza al rey del pop, pide apoyar a las escuelas caleñas de baile. Sabe que a muchos bailarines “les tocó rebuscársela como mensajeros o en el reciclaje”, para sobrevivir.

Andrea Buenaventura, la capitana del barco, asegura que en Cali el arte es un camino, que es necesario preservar la base social de las más de 200 escuelas y 3000 bailarines que son nuestro patrimonio, nuestro orgullo y la esperanza de toda esa gente que encontró en un baile la vida. En Delirio, en tiempos de pandemia, 130 personas hacen el show de 90 minutos en el que se baila con tapabocas, sin perder el paso y sin contacto físico. La carpa que en días felices habitan 1800 personas ahora está vacía. Los bailarines ensayan por zoom y se juntan un par de veces, siguiendo los protocolos, antes del gran show online, con el que llegan a distintos rincones del mundo. El próximo será el 19 de septiembre, en la fiesta virtual de Amor y la Amistad.

Viviana Vargas es la bailarina estrella de Delirio. Su escuela, Styilo&Sabor está cerrada hace 6 meses. Pero ella sigue ahí, talentosa y caleñísima como siempre, sobreviviendo a la crisis, sobreviviendo al golpe. A diario aparece con sus clases de salsa por facebook y en el Delirio reinventado se viste, entre muchos actos, de Amparo Arrebato en una trusa brillante que resalta sus piernas maravillosas.

Algo habrá que hacer para que las escuelas de baile, los templos de la salsa, las orquestas y todo el patrimonio de nuestra cultura no se extinga. Las ayudas nunca llegaron, pero ¿cómo ayudar a un país entero que entrará en aislamiento selectivo y se debate entre el dilema de las cifras de contagios y las de empleos perdidos?

Nada será fácil en la nueva normalidad. Pero al ver a Carolina Revelo, con esa sonrisa de mamá orgullosa de Emily, la niña de 8 años que en tiempos no covid hace el show con Carlos Paz, prefiero abrigarme en su pasión cuando dice que ahora da clases virtuales y vende productos, mientras ensaya para el día en que la estrella vuelve a brillar y se convierte en Olivia. Carolina dice que eso le ha devuelto la esperanza. Porque en Cali, señoras y señores, el baile es esperanza.

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