A Dios le pido

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A Dios le pido

Abril 08, 2020 - 11:45 p. m. Por: Paola Gómez

Desde la cuarentena de un Jueves Santo inédito, y con las intenciones puestas en la salud del mundo, invito a elevar esta oración por la vida, en un momento donde necesitamos fuerza y fe para continuar:

Por las heroínas y héroes que día a día arriesgan sus vidas para mantener con vida a los demás. Por la enfermera, por los de la ambulancia. Por los que esconden su uniforme en un morral para que no les discriminen en la calle, en sus lugares de residencia, en el transporte público. Por los que al llegar a casa no pueden abrazar a sus hijos. Por los que siguen dándolo todo con la gratitud de una mayoría que como nunca antes les reconoce y valora.

Por los pacientes que hoy libran la más dura batalla contra una pandemia que ha enfermado a más de un millón y medio de personas en el mundo. Porque tengan la confianza y las defensas necesarias para continuar, como ya lo lograron más de 330.000 personas. Por quienes padecen enfermedades de base y por nuestros adultos mayores para que estén a salvo.

Por las familias que despidieron a las más de 88.000 personas que han partido, al no lograr vencer el virus. Porque encuentren la resignación necesaria. Por los que no pudieron o no han podido aún darles el último adiós, porque la emergencia se desborda o porque no tienen cómo hacerlo. Porque al final tengan el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.

Por el que deambula en las calles, en el semáforo, en la esquina, en busca del sustento. Por el que no tiene cómo alimentarse. Por el que duerme en el andén de la iglesia. Por el que vive bajo el puente. Por el que huyó de la pobreza en su país y aún no encuentra alivio en esta tierra. Por quien le pide al cielo para que le llegue un mercado, una ayuda, una voz de aliento. Por quien perdió su trabajo. Por la empresa pequeña, mediana o grande que necesita oxígeno y creatividad para continuar.

Por la escobita, el conductor del MíO, el policía, el guarda, la operadora, el panadero, la cajera del mercado, el vigilante, el del helicóptero que nos cuida y de vez en cuando nos recuerda lo que está pasando… por los que no han parado para que ustedes y nosotros estemos en casa, tele trabajando, tele estudiando o tele viéndonos a través de un Zoom que nos mantiene en contacto con la vida ya no tan cotidiana de hace unas semanas.

Por los científicos que buscan la manera de aliviar el virus y por los que investigan cómo contener la epidemia. Por quienes nos gobiernan para que tomen las decisiones correctas. Por quienes no nos gobiernan para que haya grandeza en sus posiciones. Por los terroristas virtuales para que dejen de sembrar la incertidumbre y la desesperanza. A esos, por estos días deberían condenarlos a la cadena perpetua del silencio.

Porque haya amor para soportar la cuarentena y serenidad para ahuyentar la violencia. Porque la ansiedad disminuya y aumente la ilusión.

Porque el mundo se alivie y nuestros corazones con él, a Dios le pido. Amén.

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