Movilización social

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Movilización social

Julio 13, 2013 - 12:00 a. m. Por: Paloma Valencia Laserna

¿Qué quiere la gente?, ¿Qué necesita? Son preguntas que no puede dejar de hacerse un líder social. La democracia, para su correcto funcionamiento, exige una sintonía permanente con el sentir popular. Solo los déspotas se sienten con la facultad de imponer sus decisiones personales sobre los pueblos, aún a pesar de ellos. La democracia es representativa, y ese poder ha de estar limitado a los intereses reales de los electores. Aquellos se expresan con el voto y el mandato programático que este supone; y también evolucionan y varían de acuerdo a las circunstancias que se viven.Resulta, entonces, interesante la reflexión sobre los mecanismos mediante los cuales los gobernantes se enteran de lo que pasa en los países sobre los que gobiernan y de lo que aspiran sus gentes. En algunos asuntos existe un consenso casi mayoritario de lo que debe hacerse y entonces la función del mandatario es clara; debe cumplirlo. Sin embargo, en la mayoría de los casos las necesidades específicas y sus soluciones no son evidentes. Las diferencias ideológicas suponen visiones distintas de los mismos hechos y remedios diferenciados. No hay formulas mágicas, ni soluciones definitivas. Todo esto es un reto para el gobernante: la capacidad de estar bien sintonizado con la ciudadanía, y avanzar gradualmente hacia lo que la mayoría considera más adecuado.Para ello, existen los mecanismos tradicionales, como los ministros y asesores –que en teoría entienden las necesidades y preocupaciones de un sector–; los partidos políticos donde confluyen líderes de todos los niveles de la estructura social; los medios de comunicación que recogen el acontecer noticioso. Sin embargo, estos mecanismos se prueban cada vez más ineficientes; existen distancias que empiezan a separar los técnicos de la realidad; los políticos del sentir nacional y los periodistas de lo que la ciudadanía considera importante. Esta pérdida de los canales de expresión que históricamente eran eficaces es una realidad en todos los países del mundo. Dando espacio a mecanismos directos diálogo con los ciudadanos; no sólo en reuniones, sino también a través de redes sociales. La protesta social es una forma de expresión y es también una forma de hacer política. Para algunos la movilización social es la prueba de que el mandatario no tiene sintonía con el pueblo que se ve en la obligación de protestar pues los caminos regulares de expresión han sido ineficaces. Sin embargo, los partidos de izquierda, consideraran, que la movilización social es una herramienta política. Podríamos aventurar que el respaldo al inconformismo social es capaz de producir resultados electorales –lo que conlleva al apoyo de casi cualquier movilización. La segunda posibilidad, es la selección de causas cuyas soluciones lleven a la aplicación de políticas que la ideología política considera acertadas, y que no fueron privilegiadas por las urnas. Conviene advertir que en ese sentido no toda movilización social es muestra de un fracaso de las políticas públicas o de falta de flujo acción del gobierno; a veces es también un mecanismo de presión de una ideología determinada. Será labor del gobernante diferenciar si la movilización social expresa o no el sentir de la mayoría; o si es un escalón político para conseguir más votos u obtener lo que las urnas no concedieron. La movilización social puede tergiversar las realidades sociales; y terminar privilegiando intereses diferentes a los generales.

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