La imagen manda

La imagen manda

Julio 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paloma Valencia Laserna

Tenemos bien sabido que el Presidente Santos tiene una debilidad por la imagen. Las encuestas, los comentarios, la apariencia lo desvelan. Le ha dado para los excesos de la foto en calzoncillos, o la del pantalón rojo en Barranquilla. Y, tenemos que reconocer también que, desde hace mucho, sospechábamos que su imagen en el exterior conmueve sus más íntimas fibras; digo lo sospechábamos, porque presentaron como un precedente histórico su aparición en la caratula de la revista Time, por su manera ostentosa de manejar la Cumbre de las Américas, y por sus fallidos intentos de ser el nuevo líder de Latinoamérica.Dos episodios nuevos y mucho más graves tuvieron lugar, de manera que ahora su obsesión por su imagen en el exterior ha quedado al descubierto. Sucedió el terrible asesinato del agente de la DEA tras un paseo millonario; uno más de tantas víctimas mortales que desde hace años atestiguamos. Ese asesinato turbó al primer mandatario; lo llevó a decir que con este, se perdía todo lo hecho en seguridad. Es decir, los muertos colombianos que no salen en los medios internacionales, no importan; lo grave era este asesinato que sería conocido por el mundo. La agilidad con la que la policía investigó y capturó los responsables; nos mostró que si se quiere, se puede. Y que al parecer ese lujo de la justicia eficaz está reservado para los extranjeros. El triste papel de la Fiscalía, simplemente reforzó la impresión de que las ejecutorias de la fuerza pública padecen la ineficiencia de los fiscales; pero eso es harina de otro costal.Mientras los campesinos del Catatumbo exigen la presencia del presidente en una zona que es fundamental en la lucha armada del país; prefiere irse para Suiza. No desconozco que es una buena e importante causa la que lo motiva, y sin embargo considero que de poco servía su presencia –como quedó demostrado- y sobretodo que los problemas locales deberían merecerle más atención. Lo peor estaba por venir; desde Suiza Santos dio una terrible declaración: el gobierno está dispuesto a iniciar diálogos con el ELN siempre y cuando el ciudadano canadiense sea liberado. La declaración pudo ser un error, y sin embargo como diría Freud, dejó ver mucho. Por una parte, da la impresión ante la comunidad internacional de que el único secuestrado es el canadiense; ese –que ha ocupado páginas en periódicos internacionales- no puede negarse. Muestra, también, la triste realidad de las víctimas colombianas, invisibilizadas por la costumbre y la falta de un Estado doliente. Nuestro presidente se preocupa por el canadiense, porque el mundo conoce de su secuestro; los otros cientos de secuestrados colombianos no logran titulares en el exterior y por lo tanto no tienen doliente. Somos víctimas invisibles, que nuestro propio presidente pretende mantener en la sombra. Nuestro presidente al ver la molestia que suscitaron sus declaraciones; tardíamente ordenó que la policía atienda también los paseos millonarios de los nacionales; y por Twitter y en declaraciones nacionales –que no llegan al exterior- habló de los secuestrados nacionales. Es triste para los colombianos tener que fijar sus políticas de acuerdo a lo que les pasa a los extranjeros que nos visitan; pareciera que los colombianos fuéramos menos importantes en la medida en que el efecto de nuestras muertes y secuestros no dan ya, sino para titulares de los periódicos amarillistas.

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