Ospina y el Salsódromo

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Ospina y el Salsódromo

Febrero 20, 2020 - 11:40 p. m. Por: Ossiel Villada

Las casualidades no existen. Existen las causalidades. No es coincidencia, ni capricho del destino, que al alcalde Jorge Iván Ospina le haya llegado la semana pasada el ‘chicharrón’ de tener que trasladar este año a otro lugar de la ciudad el desfile del Salsódromo.

Esta situación es, si se quiere, un simpático caso de ‘reclamación de paternidad’. Porque fue Jorge Iván el hombre que, hace doce años, le dio vida a ese ‘niño’ que hoy empieza a padecer los problemas propios de quien se asoma a la ‘pubertad’.

A este ‘chico’ -amado por unos, odiado por otros, desconocido e incomprendido por la gran mayoría- le llegó la hora de irse de su casa, en la Autopista Sur. Allí ya no puede estar. En ese lugar tan crítico para la movilidad de Cali ya no cabe, no puede crecer, genera conflictos con los vecinos, resulta peligroso, estorba.

Por una feliz circunstancia, derivada del trabajo periodístico que he hecho en torno a la Salsa, en los últimos ocho años tuve la oportunidad de verlo crecer. Y de ayudarle, desde una instancia llamada Comité Conceptual, a comunicarse, a caminar, a interactuar con el mundo.
Y por eso puedo decir que la decisión que deberá tomar Ospina en estos primeros días de su segundo Gobierno, sobre ese ‘hijo’ llamado Salsódromo, no es un asunto menor.

Todo lo contrario: es un arma de doble filo. Puede pasar a la historia como el mejor ‘papá’ del mundo, o ser recordado como un tipo vergonzante que le dio el apellido al niño, pero después se ‘anamiletió’. Es decir, “le pintó pajaritos en el aire y nunca más volvió”.

Dejando las metáforas de lado, el Alcalde tiene hoy el chance de convertir un gran problema en una enorme oportunidad. Y para lograrlo, creo yo, es preciso definir acciones que resuelvan lo urgente, sin desatender lo importante.

Lo urgente es definir dónde se hace este año el Salsódromo. Hay por lo menos tres opciones en estudio técnico, pero sea cual sea la decisión que se tome, inevitablemente esa no será la solución óptima.

Hay quienes creen equivocadamente que un desfile de la magnitud del Salsódromo se puede organizar en una semana, cuando la realidad es que para hacerlo se necesitan diez meses de trabajo. Así las cosas, ahora solo hay tiempo para definir un nuevo sitio y asegurar una reubicación temporal lo menos traumática posible.

Pero lo importante es empezar a construir, hoy mismo, los cimientos de una solución estructural y definitiva a esa gran carencia que le resta competitividad a Cali: no contar con un espacio adecuado para la realización de grandes eventos públicos.

Cali sí tiene el lugar para construirlo -el predio de la Base Aérea Marco Fidel Suárez, donde debería levantarse nuestro gran Parque Metropolitano-, pero la falta de voluntad de la clase dirigente, la desatención de la ciudadanía y la falta de visión del estamento militar, sepultaron el año pasado esa opción.

Jorge Iván Ospina tiene el desafío de buscar una nueva. Y hay que reconocerle que sabe hacerlo. Fue el gestor de la mayor transformación física que ha tenido Cali en los últimos años. Y en la campaña demostró entender la poderosa relación existente entre espacio público, cultura, desarrollo social y economía.

En las últimas semanas dos episodios mediáticos de alcance internacional -el ‘Súper Bowl’ y la ceremonia del Premio Óscar- han evidenciado cómo la Salsa es el mayor referente de Cali ante el mundo.
Pero el Alcalde, que desde su posesión ha disparado mil ideas, no esboza todavía una de fondo sobre cómo aprovechar el potencial socioeconómico que hay en la cultura de la Salsa para Cali. Y esta ciudad la necesita.

Buscarle casa definitiva a ese ‘chico’ llamado Salsódromo sería un buen inicio. Ojalá Jorge Iván no olvide lo que significa ser un buen ‘papá’.

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