La ruta del Salsódromo

La ruta del Salsódromo

Diciembre 27, 2018 - 11:40 p.m. Por: Ossiel Villada

Tomo prestadas las palabras que me dijo el martes un colega, con ojos de asombro, minutos después de salir del Salsódromo: “Los caleños no somos conscientes de la importancia que tiene esto. Si lo fuéramos, este desfile ya habría transformado socialmente a la ciudad”.

Era su primera vez en el desfile que abre la Feria. Y tiene razón. El baile de la Salsa es tan común, tan natural para los caleños, que hay quienes lo consideran sin importancia; un simple ejercicio de diversión popular sobre el que no vale la pena pensar ni decir mayor cosa.

Equivocación garrafal. Después de participar en el equipo ciudadano que ayudó a conceptualizar los últimos cuatro desfiles yo tengo claro que el Salsódromo es muchísimo más que un simple desfile de Feria.

Es un laboratorio de innovación social, un escenario de construcción colectiva de conocimiento, un ejercicio de reafirmación de la identidad caleña, un motor de desarrollo económico para la ciudad, un espacio de exposición del talento artístico que se da silvestre en nuestras calles, un poderoso escudo de contención frente a la delincuencia que tanto nos golpea y el más efectivo vehículo de promoción internacional de Cali. Todo eso al mismo tiempo.

El Salsódromo fue creado en diciembre del 2007 por el entonces alcalde Jorge Iván Ospina, y con él se puso fin a la tenebrosa cabalgata de Feria que ya nadie aquí extraña.

Y los alcaldes Guerrero y Armitage acertaron al apostar por fortalecerlo. Pero fallaron al permitir que la agenda y la discusión ciudadana sobre el asunto la fijaran unos cuantos políticos locales.

Y estos podrían haber aportado mucho, pero eligieron hacer tres cosas que no se traducen en nada: hablar solo en función de sus intereses electorales, polarizar antes que proponer y opinar sin informarse a fondo sobre las complejas dinámicas de ciudad que giran en torno al desfile.

En el 2019 deberíamos elegir a un Alcalde que tenga clara la necesidad de pensar y ejecutar una verdadera política pública que aproveche el enorme potencial que tiene Cali no solo en el ámbito puntual de la Salsa, sino en todas las manifestaciones de la cultura. Porque en todas esta ciudad es maravillosa.

En el caso del Salsódromo hay que empezar por sacarlo de la Autopista, porque son innegables los problemas que allí genera para todo el Sur de Cali. Y, como ya lo dije un año atrás, el sitio ideal para reubicarlo existe.
Hablo del terreno que hoy ocupa nuestra querida Escuela Militar de Aviación Marco Fídel Suárez, Emavi, el cual tiene una extensión de 163 hectáreas absolutamente planas y es mucho más grande que el Parque Simón Bolívar de Bogotá.

Allí podría construirse no solo el bailódromo que prometió y nunca hizo Juan Manuel Santos, sino también ese escenario multipropósito que tanta falta le hace a Cali para otro tipo de espectáculos públicos. Y quedaría terreno de sobra para un bello parque dedicado al deporte y otras actividades que propicien el fortalecimiento de la familia.

¿Y la Emavi? Bien podría reubicarse junto al aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, tal como en Bogotá opera la base militar Catam.

Pero hay mucho más por discutir y resolver: el espinoso asunto de la gratuidad del desfile, el fortalecimiento de las escuelas de baile, la formación de los bailarines, la consolidación de la cadena productiva en torno a la danza. Lo que hay es terreno, talento y oportunidades. Lo que falta es voluntad política para tomar decisiones.

Por lo pronto, solo me queda dar las gracias de corazón a los más de 1.200 artistas que este año materializaron mi idea de hacer un Salsódromo que rindiera tributo a la mujer y lanzara un grito de reflexión contra la violencia de género. Fue constructivo y maravilloso.

Tomo prestado ese bello grito que siempre lanzan en la pista del desfile, amigos bailarines, para expresar lo que les deseo a ustedes y a mi amada Cali en el 2019: ¡AVANZA!

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