Cali, no te polaricés

Cali, no te polaricés

Julio 25, 2019 - 11:40 p.m. Por: Ossiel Villada

Hace dos días la BBC, de Londres, publicó en su sitio web un extenso artículo en el que resalta a Cali como el destino que todos los turistas del mundo interesados en venir a Colombia deberían conocer.

Ian Neubauer, el periodista australiano que lo escribió, recorrió durante unas dos semanas nuestras calles y vivió experiencias tan diversas -y tan exóticas para él- como asistir a una escuela de Salsa, irse de rumba a una viejoteca, bailar música andina en la Loma de la Cruz, tardear con cerveza y empanadas en San Antonio, subir en bicicleta a Cristo Rey, probar la gastronomía del Pacífico en la galería Alameda.

Después de todo ese periplo, Neubauer concluyó generosamente que Cali es “la ciudad más ‘bacana’ que hoy renace en Colombia”.

Apenas diez días atrás, Cali había recibido el galardón de principal ‘Ciudad Destino Cultural de Suramérica 2019’ en los World Travel Awards. A esos premios internacionales se les conoce como los ‘Óscar del Turismo’ y la distinción se le otorgó a la ciudad gracias a “la diversidad cultural, artística, gastronómica, patrimonial y musical que ofrece a los propios y visitantes”.

Pero, tristemente, esas buenas noticias se han dado en medio de un alarmante deterioro de algunos indicadores de la seguridad local.

Solo en las últimas dos semanas la ciudad ha sido sacudida por noticias sobre ocho atracos a establecimientos comerciales. Tres de ellos, que se presentaron en las últimas horas, quedaron grabados en video y se viralizaron por las redes sociales acrecentando entre muchos la sensación de que 'Cali da miedo'.

La verdad es que, a la luz de las cifras puras y duras, quienes así piensan tienen razones reales para justificar su pesimismo. Aunque en el primer semestre del año hubo una reducción histórica en el número de homicidios, el hurto a personas está disparado. Hasta finales de junio más de 8800 caleños habían denunciado haber sido víctimas de delincuentes en todo tipo de atracos.

Así las cosas, resulta muy difícil para el local reconocer, ponderar y promover las muchas cosas buenas que aquí hay y que sorprenden gratamente al recién llegado.

Pero, más allá de esa reacción natural, la coincidencia de esos tres hechos con el cumpleaños 483 de Cali, que celebramos desde ayer, deja sobre la mesa varias reflexiones.

Primero, que esta ciudad tiene hoy una oportunidad de oro para capitalizar, especialmente a través del turismo, la recuperación física, económica, social y administrativa que ha logrado en la última década y que, por más dificultades que aún enfrentemos, no se puede negar.

Segundo, que por cuenta de una mezcla fatal entre incapacidad institucional, falta de recursos e indolencia del Gobierno Nacional, la crisis de seguridad que hoy vivimos está a punto de tirar por la borda esa oportunidad histórica.

Y tercero, que la posibilidad de superar esos desafíos depende, hoy más que nunca, de que los caleños nos mantengamos unidos.

La elección del próximo 27 de octubre dejará un nuevo Alcalde y varios perdedores. Pero, si después de esa fecha los caleños no somos capaces de asimilar la nueva realidad política y nos mantenemos en la misma polarización estúpida que hoy tienen embolatados al Gobierno Nacional o a la Alcaldía de Bogotá, la ciudad estará perdida.

Tenemos el derecho de exigirle al próximo Alcalde, sea quien sea, transparencia, claridad mental, eficiencia y sabiduría para rodearse de gente capaz. Debemos fiscalizarlo para que así sea. Pero también tendremos el deber de ayudarlo, más allá de nuestras preferencias políticas, a mantener el rumbo de recuperación que ha logrado la ciudad. Cali es una causa común. Su futuro está por encima de una campaña política. Que no se nos olvide.

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