Vírgenes, pero no mucho

Vírgenes, pero no mucho

Julio 26, 2019 - 11:40 p.m. Por: Óscar López Pulecio

Para empezar por el final, pueden decirse cuatro cosas: la primera, que los barrios del Distrito de Aguablanca no eligen al alcalde de Cali, pero sin sus votos nadie puede ser alcalde. La segunda, que es el estrato 3 el que elige al Alcalde, por ser más numeroso y menos abstencionista. La tercera, quien se deje encasillar en una pugna de clases como candidato de la élite pierde. La cuarta, y quizás la más importante, que el candidato con más posibilidades de ser elegido es aquel que sea percibido como ajeno a los políticos tradicionales, para poder obtener votos de opinión, pero que haya hecho alianzas con esos políticos que le permitan obtener los votos de las maquinarias electorales, que reinan en las zonas más populares. O sea, que haya perdido la virginidad pero que no lo parezca.

Esas son las conclusiones que se sacan de analizar las últimas tres elecciones de Acalde de Cali, bastante consistentes al respecto. En 2007, fue elegido Jorge Iván Ospina, más con votos del oriente de la ciudad que de Aguablanca, o sea por el estrato 3 (comunas 6, 10, 11, 8, 7). En 2011, fue elegido Rodrigo Guerrero con una votación muy numerosa en los estratos altos y medios (comunas 2, 17, y 19). A pesar de ser dos candidatos ideológicamente opuestos, ambos compartieron el apoyo del centro de Aguablanca (comuna 13) y el de las comunas 10, 6, 8, de estrato 3. En 2015, fue elegido Maurice Armitage, tanto con el apoyo de la comuna 13 como de las comunas 2 y 17, o sea, hizo el milagro de reunir votos importantes a todo lo largo y ancho del espectro social.

Guerrero y Armitage fueron vistos como líderes empresariales con conciencia social, con vocación de servicio, respaldados por realizaciones patentes en favor de la comunidad. Sin embargo, Guerrero contó además con el respaldo de otros candidatos que se le sumaron como Argemiro Cortés (Podemos Cali), Clara Luz Roldán (Partido de la U), Carlos Andrés Clavijo (Cambio Radical), Susana Correa (Firmes por Cali) y Sigifredo López (Partido Liberal) y el aval de los partidos Alianza Social Independiente y el Partido Verde. No contó ni le hizo falta con el aval de su partido, el Conservador.

Armitage contó con el apoyo de Creemos Cali, Cambio Radical, Centro Democrático, parte del Partido de la U, el Partido Conservador y Rodrigo Guerrero, que no era poca cosa. Ospina hijo de un dirigente guerrillero del M-19, educado en Cuba, quien era visto como un candidato de izquierda, no contó con el apoyo de las clases altas, que son los menos, pero sí con apoyos de líderes de los partidos Liberal, la U y Convergencia Ciudadana, de ingrata recordación. Todos se presentaron como independientes por movimientos cívicos, con apoyos de muy diversos grupos políticos, los eligió finalmente el estrato 3 y de ninguno puede decirse que fueran de extrema izquierda o derecha.

Esa historia la deberían leer con cuidado los actuales candidatos a la Alcaldía de Cali. Es la polarización lo que los mata, no lo que los elige.  Con sus antecesores se ha cumplido el principio elemental de haber sido elegidos de una manera u otra por toda la ciudad, como debe ser. El tío Baltasar, quien cree saber mucho de política, pero mucho se equivoca, dice que hoy nada es seguro sobre los resultados de la próxima elección porque falta mucho tiempo, pero que la fórmula para ganar está escrita en las elecciones del pasado.

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