Iletrado

Iletrado

Septiembre 21, 2018 - 11:40 p.m. Por: Óscar López Pulecio

El tío Baltasar tiene un juicio muy severo sobre la literatura que hoy se escribe en Colombia y en Latinoamérica, por considerar, sin haberla leído, que poco de valor comparable se ha escrito en Colombia después de Gabriel García Márquez, y en Latinoamérica después de Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa y Ernesto Sábato.

Se quedó pues anclado en el boom latinoamericano, del cual piensa fue una floración extraordinaria en el desierto que dejó algunos epígonos y montañas de libros pero no innovaciones destacadas.

Su teoría es que si un libro es suficientemente bueno para unirse a la lista de los inmortales, termina por saberse, y tiene su mente abierta para recibirlo.

Y no ha leído novedades porque como estudia y trabaja, no tiene el tiempo del que al parecer gozan lectores compulsivos que están al tanto de cuanto novel autor aparece en las ferias y festivales del libro, haciendo las delicias de un público que tampoco los ha leído.

Dice el tío con perversidad, que entre más amable sea el escritor como persona peor es como autor, porque existe una relación directamente proporcional, demostrable con docenas de ejemplos, entre el carácter huraño, distante, antisocial, políticamente incorrecto, del genio literario y la calidad de su obra.

En el entretanto no ha dejado de ser un buen lector, lento, degustador de cada palabra. Aunque tiene por leer docenas de excelentes libros que han superado la prueba del tiempo, tiende ahora de viejo a preferir libros de historia y biografías, géneros de ficción más entretenidos que los textos de pura invención. Ficción histórica, a veces en manos de grandes escritores, que demuestran cómo las versiones literarias de la realidad son siempre más interesantes que la fantasía.

Dos libros de ese género son excepciones a su crítica despiadada y probablemente injusta sobre la calidad literaria de lo que hoy se produce entre nosotros: ‘Noticias del imperio’, del mexicano Fernando del Paso, que narra las desventuras de Maximiliano y Carlota de Hasburgo-Lorena como emperadores de un reino de pacotilla inventado por Napoleón III; y ‘El Hombre que amaba a los perros’, del cubano Leonardo Padura, que es una relación del asesinato de Trosky, a través de la cual se recrean las revoluciones bolchevique, cubana y la guerra civil española, esos tres tratados de miseria humana. Ambas obras literarias espléndidas.

Para certificar de qué manera está atrasado en sus lecturas y pasado de moda, el tío Baltasar repasa algunos de los gruesos libros que ha leído últimamente, saboreándolos, todos ellos comentados en este espacio por su sobrino para compartir el placer intelectual con sus lectores, si es que existen:

‘La historia del arte’, de E.H. Gombrich, un clásico para entender que las obras de arte son creaciones luminosas y excepcionales en las cuales el artista captura la quinta esencia de su tiempo. ‘Mi vida’, de Bill Clinton, la más exacta imagen del carácter implacable de la política norteamericana. ‘La nueva historia de la revolución rusa”, de Sean McMeekin, reconstruida con la liberación de los archivos soviéticos como un juego de poder donde gana el más improbable apostador. ‘Renacimiento’, de George Holmes, sobre cómo nace el renacimiento italiano en una sociedad de vendedores de lana y banqueros ambiciosos. Nada hay allí de lo que se escribe ahora, lo cual hace de él para todo efecto práctico, un iletrado.

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