El libro verde

El libro verde

Marzo 08, 2019 - 11:40 p.m. Por: Óscar López Pulecio

Era conocida como ‘Una guía turística para viajeros afroestadounidenses’ escrita por Víctor Hugo Green (‘The Negro Motorist Green book’). En realidad, era la más grotesca manifestación de segregación racial en el sur de Estados Unidos, vivita y coleando, después de un siglo de haber terminado la Guerra de Secesión, que había abolido la esclavitud, y de que Abraham Lincoln hubiera hablado en Gettysburg de una nación donde todas las personas eran creadas iguales.

No todas las personas eran iguales en el profundo sur en los años 60 y el Libro Verde era un socorrido recurso para saber qué hoteles y restaurantes recibían como huéspedes a personas de color. No era una cuestión de dinero, aunque se tratara de lugares más bien modestos; eran el único sitio donde un negro podía comer o dormir no importa cuánto dinero tuviera.

La Academia de Ciencias Cinematográficas de Hollywood acaba de otorgarle el Óscar 2019 a Mejor Película, a la historia de un sofisticado pianista negro, que toca música clásica (no jazz, que es música de negros, como se esperaría que lo hiciera) y aunque triunfa en New York con ingresos millonarios, decide hacer una gira por el sur de Estados Unidos en un claro y valiente acto de desafío.

Basada en un episodio de la vida del pianista Don Shirley, con un guión escrito por su hijo y dirigida por Peter Farrelly, la película recoge las aventuras, casi todas vergonzosas, del pianista con sus aires principescos y su chofer, un matón blanco, racista, inculto, sin dinero, de origen italiano, que ha contratado no tanto para que le maneje, sino como para que lo proteja del nido de ratas en el que se ha metido.

El drama íntimo es conmovedor: dos personas tan diferentes como pueda imaginarse, a quienes la evidente injusticia del mundo que los rodea vuelve amigos. Una inversión divertida de papeles, puesto que quien está habilitado para sobrevivir en ese mundo segregado, donde lo único que importa es el color de la piel, es el chofer, quien encuentra abiertas todas las puertas que se le cierran en las narices a su importante patrón.

Pero lo que le da valor a esa comedia negra es la reconstrucción del mundo norteamericano de 1962, en plena efervescencia de la lucha por los derechos civiles, que fue el más destacado evento político del Siglo XX en Estados Unidos, puesto que llevó a la legislación federal los principios de la igualdad ante la ley, burlados durante decenios por los Estados sureños. Los grandes héroes y mártires: Martin Luther King, John y Robert Kennedy, Malcom X, Rosa Parks, y el más improbable de todos, Lyndon Johnson, blanco y texano, firmante de la ley de Derechos Civiles, fueron quienes marcaron los hitos de la integración racial en la vida cotidiana.

Como cada quien aporta lo que puede, Don Shirley, el pianista negro que toca a Mozart, se lanza en su propia cruzada llena de peligros, a sabiendas, para demostrarle al público blanco y rico, que puede pagar por sus conciertos, el valor del talento y de la dignidad humana. Aunque no lo dejen entrar a los baños de las elegante mansiones, ni a los restaurantes de los grandes hoteles donde toca, donde se acepta su talento artístico pero no su persona, lo cual sería la mayor humillación posible, sino fuera porque es su decisión personal, su manera de demostrar su superioridad moral. Al final termina tocando jazz ante su propia gente maravillada, en un lugar donde de verdad todos son iguales.

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