El asunto del buen vivir

El asunto del buen vivir

Junio 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

Cuidar es mejor que curar dice Adolfo González, cirujano, profesor de la Universidad del Valle quien trabaja en el Hospital Universitario, para todos los efectos un hospital de guerra. Apunta su observación a un blanco central: existe una serie de condiciones sociales que va desde la contaminación ambiental y los estilos de vida, pasando por las condiciones higiénicas y los cambios demográficos, hasta llegar a la inseguridad, que determina la existencia de una población sana o enferma. Así que la decisión de cómo orientar la formación en salud, debe partir de si lo que se quiere es prevenir o curar, siendo socialmente más responsable y más barato lo primero que lo segundo.El tema excede con mucho la prevención en salud porque se requiere un conjunto de políticas en todos los campos de la sociedad que resuelvan satisfactoriamente el asunto del buen vivir. Pero en nada ayuda si las políticas públicas sobre salud tienen un enfoque hacia la cura de la enfermedad, y favorecen un sistema de administración privada que busca maximizar la inversión y abarca todos los órdenes, incluyendo el de formación. En buena hora estalló el escándalo de las Empresas Prestadoras de Salud, EPS, convertidas en gigantes administrativos por cuenta de la integración vertical que les permite tener sus propias clínicas y sus propios proveedores, muy rentables por la racionalidad económica con que manejan los procedimientos clínicos y pasan las cuentas al Estado, de lo que no cubren sus obligaciones legales, ligeramente sobrefacturadas como se ha venido a saber. Y a ello se le añade la posibilidad de tener sus propias instituciones de educación superior para entrenar profesionales de la salud que atiendan sus pacientes con esa filosofía rentista. La Facultad de Salud de la Universidad del Valle, pionera en Colombia en educar con una aproximación preventiva de salud pública y compromiso social, adelanta el debate de cómo debe ser su orientación en el futuro, enfrentada a una cuestión esencial: cómo garantizar una formación integral, basada en el respeto absoluto por la persona, es decir animada por la ética, de modo que pueda estar a la altura de las innovaciones tecnológicas, que son asombrosas en este campo, pero al servicio de las necesidades de la salud del grueso de la población colombiana, que no tiene acceso a ellas. En buscar ese camino no ayuda para nada la actual legislación en salud ni el proyecto de reforma de la educación superior, ambos inspirados en la misma filosofía de rentabilidad, que dificulta al máximo el establecimiento de un currículo responsable, flexible, integral, que sólo puede concretarse dentro del principio de la autonomía universitaria.En el foro sobre calidad educativa en la formación en salud, de la Facultad de Salud de la Universidad del Valle el filósofo médico Eduardo Rueda, resumió magistralmente, con palabras ajenas, la sustancia del asunto: “La salud provee un núcleo alrededor del cual se construye un proyecto de democracia”, y para ello sus ejes deben ser la justicia social, el respeto por la dignidad humana, acorde con los valores culturales de cada sociedad, y la autonomía universitaria, que permita hacerlos valer desde la academia. Ese valor del acceso a la salud como constructora de democracia, pasa por la formación integral de quienes tienen en sus manos el fuego sagrado del conocimiento preventivo y curativo, que honra la historia y aún alienta en ese noble recodo de la universidad pública.

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