Dios es la física

Dios es la física

Enero 31, 2015 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

El hombre es de por sí una aparente contradicción de las leyes de la física, que él ha elevado a la categoría de máximas rectoras del Universo: la mente más brillante de su tiempo en el cuerpo más contrahecho que se conozca: Sthepen Hawkins. Su historia personal es un caso superlativo del triunfo del espíritu sobre la materia. Víctima de una enfermedad motoneuronal, la esclerosis lateral amiotrófica, está hoy, a sus 72 años, casi paralizado por completo; se comunica con el mundo exterior con movimientos de sus mejillas y sus ojos que son traducidos en palabras, una por minuto, por una sofisticada computadora. Lo cual no le ha impedido adelantar una revisión total de las más avanzadas teorías de la física, la astrofísica y la cosmología.Lo que ha dicho Hawkins en un famoso librito de divulgación científica, ‘La Breve Historia del Tiempo’ (The Brief History of Time), es que la Teoría de la Relatividad de Einstein lleva a pensar, basado en la Ley de la Gravedad, que existió un comienzo del Universo (el Big Bang), surgido de una infinita densidad de la materia que se expande, dando origen al tiempo; y un final en un gran agujero negro (el Big Crunch), donde toda la materia se contrae infinitamente, hasta desaparecer en la nada, o sea, el fin del tiempo. Pero si esa Teoría de la Relatividad se combina con los principios de la Mecánica Cuántica, surge la posibilidad de que el espacio y el tiempo juntos formen un espacio finito de cuatro dimensiones sin singularidades ni fronteras. Un ente autocontenido, sin principio ni fin.Todo muy teórico y muy incomprensible. Sólo que tiene una consecuencia racional inevitable. Si el universo se rige por sus propias leyes, su creación, si es que fue creado alguna vez, tiene un carácter espontáneo que vuelve redundante el papel de Dios, en caso de que exista. El papel de un Dios todopoderoso estaría limitado al momento de la creación, de acuerdo con las leyes de la física que Él mismo no hubiera podido cambiar. En palabras de Hawkins, Dios es el nombre que la gente corriente le da a la física. Caminando sobre cáscaras de huevo, en una universidad tan tradicionalista como Oxford, al final de su Breve Historia del Tiempo dice: “Si encontramos una respuesta al origen del Universo, sería el mayor triunfo de la razón humana porque podríamos conocer la mente de Dios”, (lo cual ya es una herejía teológica). Pero ya viejo e impedido, se despacha: “En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico creer que Dios creó el Universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos ‘la mente de Dios’ era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero éstos no son compatibles con la ciencia”.La película ‘La Teoría del Todo’, un tanto rosa, actualmente candidata al Óscar, basada en el libro de su primera esposa, cuenta cómo en su juventud Hawkins buscaba una ecuación única, breve y elegante, que explicara al Universo. No existe. Existen diferentes teorías cuya asociación lleva a sugestivas conclusiones. Quizás tenga razón y Dios no exista, pero no puede dudarse que la vida de Sthepen Hawkins, es un desafío a esas leyes que condicionan el comportamiento de la materia, y que tiene un nombre para los creyentes: el milagro.

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