Calendarios

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Septiembre 27, 2014 - 12:00 a.m. Por: Óscar López Pulecio

No es poca cosa la discusión sobre la unificación de las fechas de elecciones de Presidente, gobernadores y alcaldes, que no hace parte de la reforma de equilibrio de poderes presentada al Congreso, pero que está en la agenda del Gobierno. La idea central de esa propuesta es que es necesario unificar los períodos de los funcionarios del Poder Ejecutivo para coordinar mejor la planeación y ejecución de las políticas públicas. Pero el asunto tiene tanto de largo como de ancho.Lo primero es un tema práctico: para unificar los períodos hay que alargar hasta 2018 los de los actuales alcaldes o recortar hasta ese año los que se elijan en 2015, lo cual es ya de por sí un debate de nunca acabar. Pero ese tema mecánico que va a monopolizar la atención ciudadana por sus implicaciones en cada ciudad, esconde el meollo del asunto: que la elección de alcaldes es una expresión descentralizada del poder político, su dinámica está dada por las necesidades propias de cada ciudad y no parecería un avance que la elección de los alcaldes municipales fuera un apéndice de la elección presidencial y ésta la arrastrará, creando un dominio político que no obedeciera a las necesidades de cada ciudad.No sucede así en ninguno de los países que nos sirven de modelo constitucional. Interesante seguir el debate que hay hoy en España ante la propuesta del Partido Popular de que haya elección directa de alcaldes en una sola vuelta, que hoy eligen los Concejos, porque la discusión apunta precisamente a que el alcalde debe ser un representante de las distintas fuerzas políticas de la ciudad, con apoyo mayoritario en el Concejo. Así sucede en Francia, Italia y Alemania, donde los alcaldes se eligen en dos vueltas electorales y el ganador es premiado con la mayoritaria representación en los Concejos. El tema de fondo es otorgar poder político al alcalde ante el Concejo, que le permita manejar la ciudad. Lo mismo sucede en Estados Unidos con su variedad de sistemas de reparto de poder municipal entre el alcalde y la administración de la ciudad. Precisamente por eso, en ninguno de esos sitios las elecciones de alcaldes coinciden con las presidenciales.Más pertinente sería analizar entre nosotros la conveniencia de unir las elecciones parlamentarias con la primera vuelta presidencial, porque allí sí es necesario que el Presidente cuente con un sólido apoyo parlamentario para poder gobernar. Sería transponer el esquema que existe a nivel municipal donde el alcalde es elegido al mismo tiempo que los concejales. Si eso hubiera sido así, no hubiera sucedido como en la última elección presidencial donde el candidato que tenía la mayoría del apoyo parlamentario perdió la primera vuelta y si no hubiera ganado en la segunda, hubiera habido un Presidente sin ninguna gobernabilidad.El tío Baltasar dice que no entiende qué buscan los asesores constitucionales del Gobierno presentando unas reformas electorales que no tienen pies ni cabeza: una insuficiente representación regional en el Senado, la abolición del voto preferente que va contra la democratización de los partidos, y la unificación de los calendarios electorales para arrasar con la relativa independencia de las ciudades. Y añade, que si lo que le preocupa al Gobierno en este último caso es la Ley de Garantías, cuya inutilidad está demostrada, pues que la cambien, en vez de hacerlo con lo que está bien.

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