Su majestad el agua

Su majestad el agua

Enero 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ode Farouk Kattan

Solamente cuando los medios de comunicación nos avisan que ha empezado uno de los  ciclos del doble fenómeno climatológico llamado el Niño o la Niña, en los que  se presentan en nuestro entorno sequías o diluvios, le damos importancia al agua, que durante el Niño falta, y durante la Niña sobra y arrasa, cada uno de tales ciclos con devastadoras consecuencias.Estudios de los anillos de los árboles, adelantados en las selvas de Pacífico, demuestran que estos fenómenos cíclicos se vienen presentando desde hace muchos años. Los entendidos en climatología  ya tienen desarrolladas metodologías para preverlos, aunque nada se puede hacer para que no ocurran. Son como un mandato de su Majestad la Naturaleza. Sin embargo, la lección que no hemos aprendido es que si bien tales fenómenos son naturales y nacen en el océano lejos de nuestro control, sí debemos aprender a manejarlos, y no lo hemos hecho.Por manejarlos se entiende cuidar el medio ambiente en las fábricas naturales de agua, sitios en donde se produce la condensación de la humedad, generalmente traída por la brisa marina, en donde se puede almacenar y dosificar una gran reserva de agua, tanto en bosques montañosos como en lagos y reservorios y además cuidar nuestros ríos (hoy convertidos en alcantarillas embarradas y envenenadas), aplicando a nuestro modo de hacer responsabilidad de vida, pues mucha agua se pierde porque la contaminación no le permite sino un uso. Hablando de las sequías y de Cali, no hay nada más aterrador que una ciudad de dos millones y medio de habitantes  falta de agua, así sea a ratos. Somos “el planeta del agua”, que no solamente es la esencia de la vida (un ser humano puede vivir varios días sin alimento pero muere en un día y medio de sed) sino que es la esencia de la funcionalidad del conglomerado poblado, especialmente el citadino, sin menospreciar el rural.Cuando en Cali se tiene que suspender el servicio de acueducto en una zona de la ciudad, como ocurre con la que se sirve del acueducto que se nutre con aguas del río Cauca, el ochenta por ciento de la ciudad pierde totalmente la funcionalidad.Los hogares no tienen como manejar su higiene y cocina; las empresas que tienen que utilizar agua para  abastecer sus procesos industriales (y son muchas y en ellas trabaja mucha gente) se paralizan; los establecimientos de servicios como restaurantes, hoteles y clínicas, amen de los colegios, también. Y afirmar que esto se puede prevenir con tanques de agua es desdeñar la realidad de que a veces su capacidad es rebasada por emergencias largas. Nunca hemos calculado la pérdida económica y de oportunidad personal que esto representa. Un reservorio de 80.000 metros cúbicos se ha construido como morigerador de la emergencia. Pero no es suficiente, pues la suciedad de la fuente es impredictible y a veces insuperable en tiempo razonable y la repetitividad con que la falta de agua afecta la ciudad es ya más frecuente.También nos hemos olvidado de que la manera de hacer que el agua no sobre en forma de lluvias y avalanchas que tienen múltiples efectos destructivos es manejar los cauces de los ríos y la cabida de  los alcantarillados, utilizando elementales conceptos y prácticas de ingeniería rural y urbana, ausentes en nuestra administración pública.Para el funcionamiento de una ciudad y su entorno el tema general del agua, tanto cuando falta como cuando sobra, es vital en su administración.

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