El temor empresarial

El temor empresarial

Marzo 31, 2019 - 11:35 p.m. Por: Ode Farouk Kattan

Ya es claro que en Colombia existe, acentuado por las reformas tributarias y erráticos conceptos gubernamentales de manejo de la economía, como cargarle a la producción sus veleidades sociales, un temor empresarial, en todos los rangos en los que las personas podrían lanzarse a la aventura de arriesgar su capital o adquirir compromisos para emprender.

Salvo empresas con algún grado de fortaleza o especiales campos de acción, hay miedo particularmente en la forma errático-caprichosa como la economía del país viene siendo manejada.

Este temor ya es motivo de informalidad o cesación de interés en lo más importante que tiene un país, lo cual es la generación de empleo. (La definición de empleo es una situación u ocasión mercantil en la cual una persona natural o colegiada contrata a otra u otras porque necesita de sus servicios y puede pagar por ellos, creándose así un interés común en la economía social de un país. Cualquier otra es retórica, pues si no se necesitan los servicios y/o no se puede pagar por ellos por costosos el empleo, o no existe, o colapsa, así el gobierno y los congresistas quieran lucirse con absurdos teóricos populacheros).

La razón para eso es que el Estado colombiano no ha podido o querido entender que si el empresariado (y el emprendimiento) no tienen reglas de funcionamiento razonables (decir que de juego no es apropiado, pues el desarrollo de un país no es cuestión de juego sino del más serio compromiso estatal ya que de ello depende la vida de la sociedad) el empleo poblacional se estanca en dos formas: o con el colapso del sector productivo normal o con la informalidad anormal y otros vicios.

Es incomprensible que el gobierno, en general o en particular por períodos, que alardea de tener a su servicio personas seleccionadas por sus capacidades, no se dé cuenta de que muchas de sus decisiones tienen por regla general efectos adversos, esencialmente por la cada vez más utilizada demagogia, a veces repentista, para revivir la fórmula del Imperio Romano de ‘pan y circo’, con la cual se ilusionaba, se tapaban todos los errores o se desviaban todos los malos manejos, ahora llamados corrupción: ‘madre de los déficits’.

Volviendo al tema del empresariado, es claro que si el Estado no corrige su modo de orientar el esfuerzo de miles de ciudadanos en plan patriótico de crear empresa y satisfacer la necesidad de millones de ciudadanos por tener estas un modo de vida razonable, cada año, por medio de reformas tributarias y legislaciones absurdas, y la ya cuestionada forma de dejar pasar la corrupción, tanto administrativa como ciudadana, en la cual pecan tanto unos como otros, Colombia va a sufrir de un desorden que le va a impedir convertirse en la patria que todos anhelan.

Hay que admitir que el país sufre de exceso de peso administrativo, no solamente en el gobierno sino también en una serie de organizaciones arcaicas, unas pseudo gubernamentales, que se han quedado anquilosadas cargándole a la funcionalidad del país costos espurios. Estamos pasados de hacer un barrido de ellas, particularmente de las que cuestan innecesariamente dinero al empresariado, sacrificando la productividad y competitividad, que nos quitan mercado cuando pretendemos exportar y/o nos lo invaden cuando importamos.

También ‘gozamos’ de costumbres que sobreviven solamente para mantener ‘puestos’ gubernamentales y vicios politiqueros.

El ‘temor empresarial’ es real y puede eliminarse solamente cuando el gobierno mismo deje de inducirlo con una administración cimentada en la burocracia, que cuesta, y vuelva sus ojos a la población, que alimenta, si la dejan trabajar y crecer.

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