El modelo económico

El modelo económico

Abril 01, 2018 - 11:35 p.m. Por: Ode Farouk Kattan

Mientras transcurrían las negociaciones para ponerle fin a la guerra con las Farc, mucho surgió el tema del cambio del modelo económico de Colombia dado que en el reconocimiento de su falencia, y necesidad de apropiado cambio, se ponían grandes esperanzas para encontrarle fin al conflicto, al que se le adjudicaban, a la par que desavenencias políticas, raíces económico sociales. Y con esos cambios sustentar el posconflicto.

Durante ellas el gobierno fue muy enfático en el sentido de que el modelo económico no estaba en la agenda y por consiguiente no podía negociarse.

Hoy, cuando ya se trata de lograr que la paz cristalice, precisamente dentro de un escenario de normalidad, estamos evidenciando que Colombia simple y llanamente no tiene un modelo económico y a eso se debe que mientras se respira algo en el frente de las Farc, los problemas económicos y sociales del país cimientan y alimentan los bandidajes de toda índole que hacen que no se note el posconflicto. No parecemos notar que un modelo económico acertado en toda sociedad es el antídoto para que los malos comportamientos puedan ser reprimidos pues es factible diferenciar lo bueno de lo malo.

El gobierno ha tratado por todos los medios de alabar su modelo económico social, a pesar de que el traspiés petrolero puso de presente que era un ídolo de oro con pies de barro, como lo está demostrando el estado de cosas que tiene a la economía poblacional en difíciles condiciones, por muchos años, valga decir.

El diccionario define ‘modelo’ como una figura de mostrar, pero Colombia sigue siendo víctima de su miopía que no le permite ver que el posconflicto, para ser efectivo, tiene que corregir todos los errores que generaron el conflicto y uno de ellos es que los sucesivos planes nacionales de desarrollo, que cambian con cada período presidencial y a veces dentro de su vigencia, no han tenido la sabiduría para acertar en la real problemática del país, dado que son influidos regularmente por intereses que no representan las necesidades nacionales sino las orientaciones políticas foráneas o de presión local que por defenderlas el gobierno desvía su atención. Esto es claramente visible en el estado de cosas miserable que los medios de comunicación muestran en campos y barriadas.

Si Colombia no estructura verdaderamente un modelo económico suficiente y pronto, mal puede decir que ha salido del conflicto, pues si las causas de él continúan, el conflicto seguirá aunque en otras formas e intensidades, según enseña la Universidad de la Historia.

La justa electoral que vivimos es el espacio ideal para que salga a la luz esta prioridad, si la politiquería lo permite. Y además nuestros sabios de la economía, particularmente los del gobierno, aterrizan a las verdaderas soluciones de ‘pie en la tierra’ que no parecen conocer.

No podemos desdeñar el riesgo externo, impredecible y temible, de Donald Trump, que está revolcando la economía mundial y rompiendo todos los modelos que hasta ahora se consideraban válidos. La globalización, que en su teoría parece viable, ha hecho crisis por la corrupción mercantil mundial de las conveniencias y ventajismos.

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