Putin el grande

Putin el grande

Abril 26, 2019 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

Todas las miradas se fijaron esta semana sobre la cumbre entre Kim Jong Un, dictador de Corea del Norte, y el ruso Vladimir Putin. La visita era importante no solo por tratarse del primer encuentro entre estos dos temibles líderes, sino porque ocurrió poco después del fracaso de las conversaciones de Kim con Donald Trump en Hanoi a principios del año. El afán de reunirse se centra en cómo frenar y desmantelar la capacidad nuclear de Kim, tema que preocupa a los chinos, a los americanos y a los rusos por partes iguales.

Para Corea del Norte el fracaso de la cumbre con EE.UU. fue un golpe político, pero también económico, ya que no logró quitar las sanciones económicas de Occidente. Para Estados Unidos fue un gran paso en falso, en una reunión que jamás debió existir. Nunca iba a salir bien, porque al final se redujo a intercambiar promesas por hechos: Estados Unidos suspendería las sanciones comerciales a cambio de un simple compromiso de Kim de un eventual desarme nuclear. La fallida cita los dejó más lejos que nunca.

Putin, solo dos meses después, aprovechó la coyuntura para realizar su jugada maestra. Tras varios intentos de reunirse con su contraparte norcoreana, la diplomacia funcionó y el buen resultado puso a jugar Rusia en la cancha grande, esta vez en la insólita posición de conciliador.

Para el presidente ruso, un megalómano declarado, es importante estar presente en todos los temas de la gran geopolítica, y la larga historia y pequeña frontera entre los dos países jugó a su favor. La visita salió bien, remató con cena, foto, y declaraciones de apoyo mutuo, donde Putin aplaudió las intenciones de Kim de desarme, y a cambio prometió reducir los castigos económicos. Para rematar, lo encargaron de intentar hablar con Estados Unidos para hacerlo entrar en razón. El mundo al revés. Para agregar sal en la herida americana, la coordinación rusa de una ronda de diálogo con varios países. Mejor dicho, Putin quedó como el gran héroe, armado de bandas musicales y sonrisas. Los coreanos quedaron felices con su nuevo aliado internacional, que le sirve de maniobra en sus relaciones con EE.UU.

Este resultado es pésima noticia para la Casa Blanca, que además de quedar de lado en un tema candente, siente desprecio por lo multilateral. Una muestra más del retiro de Estados Unidos de los espacios de influencia global, muchas veces por desinterés y otras por torpeza diplomática. Gol de Rusia, en el arco de Trump.

Más allá de Corea del Norte, la Rusia de Putin (o mejor dicho el Putin de Rusia) está creciendo en influencia. Su respaldo a Venezuela y a déspotas como Siria y Sudán, países como Cuba y Nicaragua, y ahora Corea del Norte, lo convierte en el gran jefe del autoritarismo mundial. Putin gobierna desde hace diez años con mano dura, represión y abrazado del Kremlin, en una Rusia conocida tanto por su petróleo como por su oligarquía corrupta.

En un mundo los valores de Occidente se han erosionado, el respeto por la ley y la libertad se han enredado en medio de batallas internas, y opacado por la falta de visión. El resultado son los nuevos gigantes, que no son ni héroes de guerra ni visionarios ni grandes pensadores. En la fotos de las cumbres los que sonríen son dictadores peligrosos con agendas desmedidas, ningún interés en la democracia, alianzas cercanas con las fuerzas del mal, y agendas oscuras de dominación económica y política. El llamado ‘eje autoritario mundial’. Qué miedo.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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