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Populistas en apuros

Julio 17, 2020 - 11:40 p. m. Por: Muni Jensen

México y Brasil, los gigantes de América Latina, están en crisis. Los números de contagio de covid en ambos países, la tensión económica y los aumentos de violencia han creado un coctel peligroso. A estos dos países, que sumados tienen 440 millones de habitantes, los separa un continente, su pasado colonial, el idioma, historia y temperamento. Pero nadie duda que son la referencia en cualquier análisis regional. Los unen su dependencia en el petróleo, la lucha contra la pobreza, corrupción, y crimen, la sofisticación de sus empresas, una importante industria turística y culturas fascinantes. Pero hoy comparten el mismo mal.

Ambos sufren las consecuencias de un manejo irresponsable del covid. Si bien este virus arrasó con poblaciones enteras, con poco aviso y difícil trayectoria, el estilo populista de Amlo, presidente de México y del brasileño Bolsonaro, no han contribuido a mitigar sus daños. Al contrario. Desde sus orillas de extrema izquierda y derecha, ambos ignoraron los riesgos, tardaron en tomar medidas, insistieron en abrir las puertas de negocios y empresas, se negaron a proteger su población, y están hoy en situaciones críticas. Bolsonaro, ni contagiado con el virus, parece tomar consciencia de la urgencia de una respuesta responsable.

A Amlo, recién llegado de su cumbre y foto con Trump en Washington, lo recibió un país con más contagios que Italia, donde los casos se han triplicado desde junio. Las ciudades permanecen abiertas al tiempo que las muertes y hospitalizaciones se disparan. La respuesta del ministerio de Salud es limitar la información al público, antes diaria, a dos veces por mes. La economía basada en turismo y petróleo tiene pronósticos oscuros, y el Banco Central anticipa una contracción del 10%. Acompañada de una nueva ola de violencia y números decrecientes de aprobación presidencial tras la visita a EE.UU., el país estrena tratado comercial con su vecino del norte en medio de una severa crisis económica y social.

En Brasil, que empezó la pandemia con una recesión, la situación no es mucho mejor. Se espera un crecimiento negativo de 6% y desempleo casi del 30% sin contar los trabajadores informales. Los casos de contagio siguen aumentando y las ciudades siguen abiertas. El presidente sigue cortejando a los militares, que mandan en el Ministerio de Salud, y criticando al Congreso y a las Cortes. Aunque mantiene el apoyo de su círculo cercano, la recesión y la enfermedad aumenta la inestabilidad política y pone en peligro los fundamentos de la democracia.

Amlo y Bolsonaro desde sus extremos extrañamente son amigos de Donald Trump, y parecen haberse beneficiado de este romance entre populistas. Sin embargo, la fiesta se puede acabar pronto. A menos de cuatro meses de las elecciones en Estados Unidos con un Trump que baja en las encuestas, un reto adicional es cómo mantener una relación robusta y productiva con un posible gobierno de Joe Biden. Hay una enorme dinámica comercial, de seguridad y migratoria entre México y Estados Unidos, y existen lazos importantes también con Brasil. Ambos presidentes tendrán que empezar conversaciones de nuevo si hay un gobierno demócrata.

En costados extremos de una región, ideológicamente contrastantes, enfrentados a los mismos retos, y con media población de América Latina, Brasil y México flaquean bajo el mando del populismo. Esta realidad debe servir de lección para los votantes de países vecinos, que se envalentonan con grandes promesas de cambio por parte de políticos con carisma, y luego se ven desprotegidos por esos mismos gobiernos, que protegen a sus líderes más que a su población. El resto de América Latina, tan aficionada al personalismo, debe reflexionar en medio de esta pandemia, y buscar líderes pragmáticos y transparentes que se enfoquen en resultados y no tanto en ilusiones.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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