¿Patada de ahogado?

Escuchar este artículo

¿Patada de ahogado?

Julio 31, 2020 - 11:40 p. m. Por: Muni Jensen

Donald Trump se despertó el jueves pasado con la noticia de que Estados Unidos entró oficialmente en recesión. Los datos del segundo trimestre, peores de lo anticipado, muestran una caída del PIB del 9,5%, la mayor contracción en 145 años.

La combinación de la reciente explosión de covid en Estados Unidos y las cifras económicas se juntaron con otro golpe al Presidente: en las encuestas nacionales está trece puntos detrás del demócrata Joe Biden y pierde puntos en Estados clave como Florida y Pennsylvania. Biden, que no es gran candidato y que se ha pronunciado poco, apuesta a que Trump se derrote solo.

El coctel de crisis de salud, economía y encuestas apuntaban a un fin de semana movido en los medios, con Trump en el centro de la tormenta. El eterno candidato, experto en distraer atención, contraatacó antes de las nueve de la mañana con un tuit explosivo, lanzando la posibilidad de aplazar las elecciones generales del tres de noviembre.

El mismo presidente que lleva meses abogando por la apertura de restaurantes, colegios e iglesias, súbitamente decidió que las votación no sería confiable. Y logró que el ciclo de noticias, en vez de enfocarse en la debacle económica y el impacto en el empleo y en la bolsa, se centrara en el calendario electoral. Desvió, con un solo mensaje, el rumbo de un fin de semana de análisis políticos sobre el pobre estado del país y sus posibilidades de derrota.

El ruido que generó su tuit fue inmediato. Los abogados constitucionalistas recordaron por televisión que el Presidente no tiene autoridad para cambiar las fechas sin la autorización del Congreso.

Los historiadores señalaron que las elecciones no se pospusieron durante la Guerra Civil, ni en medio de la Segunda Guerra Mundial, ni siquiera por la influenza española de 1918. Otros defendieron el hecho de que hace tiempo existe la opción del voto por correo, que con algunas excepciones ha funcionado bien. Los aliados republicanos del Senado, en una reacción sin precedente, manifestaron su desacuerdo a la propuesta.

Pero detrás de esta hábil maniobra mediática hay algo más profundo.
Donald Trump ve viable la posibilidad de ser derrotado, y ha empezado una campaña sistemática para quitarle legitimidad a las elecciones. Así logra dos metas: poner en duda el eventual resultado, o justificar su derrota.

No es el primer mandatario que utiliza esta maniobra. Hong Kong anunció aplazamiento de las elecciones legislativas esta semana, algo que apunta a la manipulación del gobierno chino. La diferencia es que China no es una democracia. Bolivia también cambió las fechas de los comicios, pero a través del consejo electoral, y no a través de un trino. Muchos coinciden en que si estuviera seguro del triunfo, no intentaría cambiar las fechas.

La jugada, que sus opositores ya anticipaban, es un golpe al sistema por parte de un populista que, enfrentado a una eventual derrota, decide bombardear un mecanismo democrático que funciona desde el Siglo XIX. Sus crecientes actitudes autocráticas lo acercan más a los dictadores como Putin que a los aliados históricos como Europa.

En casa se salta las leyes para favorecer a sus amigos, promueve conspiraciones médicas en vez de crear un plan nacional para contener el covid y carece de medidas constructivas para reactivar una economía en espiral negativo. “Sería una vergüenza para Estados Unidos" escribe por twitter sobre la posibilidad de que falle el voto por correo.

La vergüenza es que adopte la práctica de los nuevos fascistas, que torpedean las elecciones para favorecer su triunfo.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS