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El mejor embajador

Mayo 21, 2021 - 11:40 p. m. 2021-05-21 Por: Muni Jensen

José trabaja como contador de una empresa mediana de Cali, pero es mucho más que eso. Todas las mañanas, durante las tensas y largas semanas de mayo, le ha reportado a sus compañeros de trabajo, por mensaje de voz en Whatsapp, la situación de la ciudad. Sus informes son concisos, con precisión, datos, anécdotas y derivados de varias fuentes primarias. Su voz es clara y no titubea. A veces incluye pequeños detalles personales tipo “me vacunaron y me dio maluquera”, pero casi siempre se enfoca en transmitir la realidad como la ve en la calle.

Está enterado de dónde hay gasolina, cuales son los bloqueos del día, y si hay brotes de violencia en las carreteras. Se entera de cuánto valen los plátanos y si ya llegaron los huevos al Éxito. Se indigna con los retenes y los robos de combustible. Sus mensajes concretos en medio de una tormenta mundial de desinformación son una mezcla ejemplar de sensibilidad y profesionalismo. Transmiten seguridad, realismo, y también resignación frente a los hechos, pero ante todo valentía. Quiere proteger a sus compañeros a punta de información veraz. Sus cortos whatsapp son testimonio triste del deterioro innecesario de una expresión democrática, de malos manejos y campañas criminales orquestadas, del hondo descontento y la enorme frustración. De un gobierno entre fuego cruzado, de un país entero roto en pedazos. Del susto cuando cae la noche.

José es muestra de la inteligencia y la capacidad recursiva de los colombianos. De cómo los lazos de la sociedad se mantienen en los barrios, en las oficinas, entre amigos, entre el caos. Que los buenos están ahí y son muchos, buscando la forma de vacunar a la mamá, de encontrar combustible para la moto, ayudarle a los vecinos, de hacer mercado en un solo sitio, que caminan en medio de los vándalos para llegar al puesto de trabajo. No toma partido en ridículos alegatos políticos, y no confía en los oportunistas. Repudia con el fondo del corazón la violencia y el saqueo, y se enoja con las permanentes interrupciones a su rutina diaria.
Pide orden, vías destapadas, buses sin quemar, tiendas con los vidrios intactos, policías honestos y un gobierno que responda.

Se enfurece, como la mayoría, con las noticias llenas de falsedad e ideologías, circuladas en redes sociales y escritas en famosos medios internacionales por autores que nunca han pisado Cali. También duda de los teóricos de la conspiración que le asignan a lo sucedido, sin muchas pruebas, unos turbios complots internacionales. José no quiere tumbar al Gobierno ni debilitarlo. Nació y creció en una democracia. Solo quiere ir a trabajar, ganarse la vida, compartir con sus compañeros, regresar a la casa sin pagarle a nadie, comer con su familia y ver fútbol. Se aburrió de los grupos, de los videos que resultan falsos, de discutir con los colegas.
Su desconsuelo y el de tantos está registrado en las cifras publicadas por la Cámara de Comercio de Cali sobre el impacto del paro en la actividad empresarial.

Las personas como José deberían irse de gira internacional. Hablar con congresistas americanos y parlamentarios británicos, con las ONG tan críticas y los embajadores tan criticados. Debería dar una entrevista larga al New York Times, armado de testimonios de su vida diaria y datos recogidos en la calle. Ofrecer una charla en un prestigioso centro de pensamiento en Washington y un conversatorio con estudiantes en España. Explicarle personalmente a Shakira y al Senador Leahy por qué sus respectivos tuits son desatinados. Con su voz de radio, y un teléfono con buena señal, dice más verdades que todos, y muestra una realidad más clara. Por encima de todo, tiene sus pies, su familia y su futuro plantados en Cali, en su empleo, en su empresa. Como millones de compatriotas, pertenece a los que creen en el centro, al sentido común, a la libertad de expresión y movilidad, al derecho a trabajar.
Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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