El lío del petróleo

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El lío del petróleo

Mayo 08, 2020 - 11:40 p. m. Por: Muni Jensen

En los últimos días el precio mundial del petróleo ha dado un brinco alentador tras una de las caídas más miedosas de la historia reciente.
Pero rápidamente los expertos advirtieron que sería un salto temporal y que no había demasiadas razones para estar optimistas. En tiempos de Covid, donde los aviones no vuelan, los carros no circulan y los barcos de carga flotan silenciosamente en los puertos, simplemente no hay apetito para el combustible. Cuando el mundo se encerró en sus casas, los precios cayeron al suelo. Los intentos de reducir producción resultaron insuficientes para regular los precios, generando impactos económicos inmediatos, pero también riesgos políticos y de seguridad.

Los países con economías dependientes del petróleo quedan especialmente expuestos. Con sus presupuestos, y en muchos casos sus tasas de cambio ajustados al petróleo, los valores actuales equivalen a caer al vacío. El repunte temporal en precio es oxígeno, pero no suficiente. Los precios están sujetos a un calendario incierto de apertura de la actividad económica y una trayectoria desconocida del virus. No hay planeación que valga. Aún los escenarios más optimistas apuntan a disminuciones del consumo anterior. El trabajo en casa, las transformaciones urbanas y los hábitos de consumo que sin duda resultarán tras la pandemia son algunos ejemplos. En particular, el reducido apetito por el transporte de vehículos, hoy responsable por la mitad del consumo, es una nueva realidad. La recesión en Estados Unidos y China, primer y segundo consumidor, son sinónimo de menores tasas de consumo.

Hay grados de vulnerabilidad. México, Rusia y Estados Unidos son economías dependientes pero diversificadas. Es posible que tengan más herramientas para aguantar la caída de precios. Sin embargo, economías como la de Arabia Saudí, Oman, Iraq y Angola, dependen únicamente del petróleo. Sus presupuestos de salud, educación, y el sector financiero están en vilo. Ni hablar de Venezuela, Estado fallido, e Irán, al borde, que literalmente necesitan petróleo para comer.

Estados Unidos, recientemente convertido en un gran exportador, ha invertido millones en fracking en Texas, Oklahoma y otros países. Aunque Trump se ufanó del acuerdo logrado entre los países de la Opep el mes pasado para reducir producción, no se escaparán de sus efectos, ya que la contraprestación de los precios bajos de gasolina no se celebran cuando nadie la necesita. Al otro lado del mundo, los reinados del Golfo Pérsico están cortando sus presupuestos, y tratando de mantenerse a flote.

Las secuelas no son solo económicas. El riesgo adicional es que los Estados frágiles como Venezuela se alejen aún más de la democracia y hacia el control militar. Irán intenta mantener su gobierno y su programa nuclear. En África y el Medio Oriente se abre el terreno para milicias y organizaciones terroristas, que aprovechan el momento para incursionar más profundamente. Rusia, con su expansionismo oportunista, empieza a ver un mayor valor estratégico a sus ambiciones en los conflictos de Medio Oriente ante el repliegue de EE.UU. de la política global.

La tormenta doble de virus y crisis petrolera tendrá un impacto en el mundo entero. Sin embargo, algunos ven la posibilidad entre el caos. El Foro Económico Mundial habla del potencial para un nuevo orden energético, un mundo en el cual los esfuerzos de colaboración, si continúan, podrían estabilizar los mercados. Resaltan los esfuerzos recientes de apoyo mutuo entre la Opep y el G20. También invitan a los líderes mundiales que es el momento para empezar una transición sostenible a las energías renovables. Suena alentador. Es posible que hoy en día, donde los países desarrollados y los de mayor pobreza están sufriendo los mismos males, se pueda avanzar en ese sentido. También suena utópico, pero hemos aprendido en estos últimos meses, que lo nunca antes pensado, puede suceder.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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