Diplomacia con las manos

Diplomacia con las manos

Abril 27, 2018 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

El mundo occidental amaneció el viernes con imágenes que parecían imposibles hace pocas semanas: los líderes de las dos Coreas, enfrentadas a muerte nuclear desde el fin de la guerra en 1953, se encontraron en cada lado de la zona desmilitarizada, caminaron con tranquilidad y se saludaron cordialmente. Kim Yong-un, el temible dictador norcoreano fue el primero en cruzar, y en seguida invitó a su contraparte del sur, Moon Jae-in, a pisar territorio de Corea del Norte. Y así, en menos de un minuto, un apretón de manos y dos sonrisas marcaron la historia.

Las conversaciones apenas empiezan y hay serias dudas sobre las intenciones de Kim, quien presionado por las sanciones y por los chinos, podría estar sólo comprando tiempo. Pero lo cierto es que por primera vez en 65 años, y tras recientes amenazas de bombardeos por parte de Kim, al final de esta cumbre de un día hay un compromiso inicial de eliminar las armas nucleares de la península, y de firmar un acuerdo de paz. Si funciona, nadie olvidará las expresiones alegres y las manos levantadas de los históricos rivales ante las cámaras del mundo.

Pero este no fue el único encuentro de la semana. Los besos y las caricias de Emmanuel Macrón a Donald Trump en su visita de Estado a Washington también dieron de qué hablar. Los dos mandatarios ya habían causado sensación en ocasiones anteriores con unos saludos de mano enérgicos y larguísimos que fueron comidilla de los comediantes de medianoche. Esta vez el Presidente francés llegó a la Casa Blanca con una doble misión: seducir a su contraparte americano y posicionarse como negociador duro ante su público europeo. La agenda no era fácil.
Consistía en evitar la salida de EE.UU. del acuerdo con Irán para el uso de armas nucleares a cambio de levantar las sanciones, lograr que Trump no retirara las tropas de Siria, y convencerlo de regresar al Acuerdo de París, convenio mundial para evitar el cambio climático. En este caso los cariños de Macrón fueron producto de un cálculo frío y cerebral.
Consciente de la debilidad de Trump por la adulación, apretó sus manos y lo bañó en besos cada vez que pudo, con estilo y algo de exceso. Pocas horas después pronunció un discurso ante el Congreso de Estados Unidos donde habló fuerte y marcó distancia frente a su anfitrión delante de los demócratas y las cámaras europeas. Zanahoria y garrote a la francesa.

Otras manos que no pasaron desapercibidas durante la visita de Macrón fueron las de Melania, que salió de la oscuridad de sus gafas negras con un enorme sombrero blanco, una sonrisa y una agenda social impecable. Pero para su marido, nada. Nuevamente rechazó los intentos de Donald de acariciar sus dedos, cerrando el puño ante cada acercamiento. Una vez más, la silenciosa Melania mandó mensajes subliminales de distanciamiento conyugal desde sus uñas esmaltadas.

Marcando el contraste, un día después, durante la visita de la pragmática y debilitada Angela Merkel a Donald Trump consistió de un saludo, dos fríos besos, y solo una agenda de trabajo de tres horas sin sombreros, ni cenas, ni sutilezas. Los gestos que no existen también envían mensajes.

En la historia reciente, los grandes hitos de la diplomacia se han sellado con las manos. Todos recuerdan los brazos abiertos de Bill Clinton juntando simbólicamente a Yizhak Rabin de Israel y al líder palestino Yasser Arafat tras el acuerdo de Oslo en el 93, y el saludo de Obama a Raúl Castro en 2013, la Reina Isabel y el excomandante del ejército republicano de Irlanda en 2012, los líderes de China y Taiwán en 2015, Reagan y Gorbachev al finalizar la Guerra Fría, y tantos más.

Son símbolos de paz y esperanza, de hipocresía y oportunismo, producto de preparación o improvisación, juegos de poder y apuestas a futuro. Al final, los apretones de manos no son más que fríos cálculos políticos con una pequeña dosis de magia.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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