Veinte bultos

Veinte bultos

Febrero 19, 2018 - 11:45 p.m. Por: Miky Calero

Suelo en las tardes después de llegar del estudio, caminar y rematar con unos buenos pandebonos en el granero Huevo Loco del bello barrio de Bellavista donde mi amigo William. Allí confluyen al final del día muchas buenas personas después de sus jornadas laborales como obreros de la construcción o jardineros y se forman unas muy buenas reflexiones sobre el diario acontecer de nuestra tropical Colombia.

Hace poco llegue a eso de las 4:30 de la tarde y no puede dejar de escuchar una conversación entre dos respetados señores, seguramente trabajadores de la construcción.

Uno le contaba al otro: “Como ya estamos en época electoral, empezaron a llegar los bultos de cemento, los mercados, las tejas…”. Comienza a funcionar la maquinaria aceitada de los gamonales políticos. Hizo referencia a una campaña de la cual me abstengo de dar el nombre (eso sí, no era de la de Fajardo), y cómo a su cuadra le mandaron 20 bultos de cemento. Qué tristeza, empezó a moverse el ajedrez político a través de sus viejas mañas que tienen a nuestro país ‘llevado del que sabemos’. Mientras eso suceda así, seguiremos en las mismas, como dice Sergio, “voto comprado, robo asegurado”.

Finalmente la política, que debería ser para el servicio y el bienestar del pueblo, (entiéndase de la gran mayoría), no es así. Es para los intereses mezquinos de unos pocos o para favorecer a los ‘dueños del balón’, los que ponen la plata para los bultos y después recogen favores a través de jugosos contratos estatales con sus respectivos abusos: proyectos sin terminar, grandes puentes que se caen y robo en la salud, educación y cultura.

Pero lo más triste es que los que más se quejan de la situación son los mismos que no quieren un cambio, les da susto y como dice el dicho, “sigue revolcándote en el estiércol conocido”.

Colombia ha sido gobernada por los mismos por décadas para no decir siglos, solo cambia de rojo a azul y así sucesivamente. La mayoría de los nuevos partidos políticos obedecen a las mismas viejas mañas y costumbres ‘non sanctas’.

Cuando aparece alguien distinto, como Mockus o Fajardo, en el miedo del cambio los tildan de izquierdistas o castrochavistas, o es blanco o es negro. Oye chino, lector de esta columna si no quieres un cambio, vuelve al ‘mismo estiércol’.

Vivimos tiempos en que es necesario cambiar el discurso, tiempos para elevar la conciencia, tiempos para no apostarle más a la guerra sino a una paz que solo se logra en la decencia y el respeto, en la ética y lejos de la corrupción del alma y del espíritu que nos hacen inviables como sociedad. ¡Sí se puede!, ‘pensemos en todos! ¡Que viva Colombia grande y decente!

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