Los indeseables

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Los indeseables

Julio 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

En 1966, el dictador rumano Nicolai Ceausescu declaró ilegal el aborto en uno de los países que hasta entonces tenía la política más abierta frente al tema en el mundo. “El feto es propiedad de la sociedad”, proclamó, quien recordamos por maltratar a su pueblo y construir palacios para sí mismo.Un año después, la tasa de natalidad en Rumania se duplicó. Con contadas excepciones, hubo una explosión de niños y niñas nacidos en la miseria, más o menos en las mismas condiciones que los de un año antes, excepto en un aspecto crucial: buena parte de los neonatos de 1967, no eran deseados por sus padres. Años más tarde, una generación de bajas calificaciones, menor éxito laboral y mayor criminalidad, poblaba a esta nación de Europa oriental.Por su parte, Estados Unidos alcanzó sus más altos índices de criminalidad a finales de los años ochenta. Pero en la década siguiente y en contra de las predicciones de los expertos, el delito bajó de manera veloz y repentina. ¿A dónde se fueron los criminales? Políticos, la policía, el sector salud, entre otros, salieron a reclamar su cuota de victoria por los buenos resultados. Sin embargo, sumando todas las explicaciones disponibles, no alcanzaba a justificarse la contundencia del cambio. La respuesta: a finales de los sesenta, varios estados de ese país permitieron el aborto en circunstancias extremas como violación, incesto o peligro para la madre. El argumento usado fue que “el perjuicio que el Estado ocasionaría a la mujer embarazada al denegar su elección resulta evidente. El cuidado del hijo puede poner a prueba su salud mental y física, también existe la angustia, para todos los involucrados, asociada al niño no deseado, y el problema de criar a un hijo en una familia que ya es incapaz de cuidar de él”, cita la investigación de Freakonomics.Tanto en Rumania como en Estados Unidos se estableció una relación de causalidad entre la legalización del aborto y la disminución en los índices de criminalidad a mediano plazo. La investigación citada ha sido polémica por basarse en el impacto de esta acción en la sociedad, sin entrar en el debate ético que suele rodearla. Cabe entonces preguntarse, ¿qué ocurriría en Colombia si las mujeres realmente tuvieran derecho a decidir libremente y en garantía de una buena práctica respecto a la interrupción de un embarazo no deseado? ¿Si decenas de miles de colombianas adolescentes tuviesen la opción de esperar más tarde en la vida cuando sus condiciones les permitieran ofrecerle a un hijo el amor y la estabilidad necesarios? ¿Cuál sería el resultado si la sociedad valorara la importancia de criar seres humanos felices, físicos y mentalmente saludables? ¿Qué tal si comprendiéramos el efecto negativo que tiene para la sociedad el negar esta elección a las mujeres?De acuerdo con el estudio mencionado hecho por Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, uno de los desenlaces previsibles es que seríamos un país menos violento. Basta recordar que según Profamilia, casi una cuarta parte de los bebés que nacen en Colombia, entra en la categoría de no deseado.El Estado puede acabar imponiendo la gestación de un hijo no querido, pero no podrá cambiar su condición de indeseable en un futuro, ni las consecuencias que su rechazo tendrá para el afectado, para su familia y para el resto de la sociedad.

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