En el nombre del bien

En el nombre del bien

Septiembre 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

En días pasados el país se estremeció ante la noticia del suicidio de Sergio Urrego, quien se vio acorralado por un profesor, una psicóloga y la rectora del Gimnasio Castillo Campestre por el hecho de ser homosexual.El colegio, luego de descubrir la orientación de Sergio, lo obligó a asistir a una terapia psicológica para permitirle la entrada. Alegaron que la supuesta relación que sostenía con un compañero, era realmente un tema de acoso. Posteriormente, los padres, conscientes de estar siendo víctimas de un abuso por parte del plantel, intentaron superar el tema sin mayores confrontaciones, consiguieron un psicólogo y llevaron el certificado exigido. Con todo y eso, de nuevo no le dejan entrar. Esta vez alegan una irregularidad en el certificado. No contentos con esto, se niegan a entregar su informe de notas, a pesar de estar a paz y salvo. La madre de Sergio interpone una denuncia contra el colegio ante la Secretaría de Educación de Cundinamarca por trato discriminatorio. La Secretaría hace una visita al plantel, donde se niega haber cometido atropello alguno, pero en cambio se vuelve a arremeter contra Sergio al decir que “se trataba de un muchacho abandonado que vivía con su abuela de 90 años, en vez de con sus padres”. Una vez más, la institución se apodera de la verdad sobre “lo correcto”, no solamente sobre como debe ser la orientación sexual de un ser humano, ahora también sobre como debe conformarse una familia. Vivir con su abuela se presenta como si fuese una falta indiscutible.En el nombre del bien, se pueden llegar a cometer los peores abusos. Por citar un ejemplo extremo. ¿No actuó la inquisición en nombre del bien?En días pasados en Calarcá, una madre dejó a su hija inconsciente tras darle una golpiza luego de conocer su orientación sexual. Cuando se la interrogó sobre lo sucedido, la madre alegaba que “no podía permitir que su hija cometiera un pecado”. ¿Hasta donde nos puede arrastrar el mito de un diablo, un infierno y una supuesta depravación que habita especialmente en la mente de quienes no sin morbo se lanzan a corregir lo que no está torcido más que en sus perversas y distorsionadas ideas de lo que osan en calificar de desviación? Quienes tanto se agitan por las supuestas aberraciones ajenas, tal vez más deberían ocuparse de las propias. Incluso, antes de recomendar un psicólogo, sería bueno que acudiesen a uno. Claro que viendo hasta donde los psicólogos pueden estar tan mal preparados y confundidos, esa puede no ser la mejor sugerencia.Más allá de esperar que las indagaciones de la Fiscalía lleven a los responsables a asumir sus errores, quisiera rogarle a todas esas personas buenas, o mejor, a aquellas que se promulgan buenas, que tienen una tesis sobre el bien y el mal, que consideran que hay una gente buena y otra mala, un obrar correcto y otro incorrecto, aun en aquellos que no están dañando a otros, a todos aquellos convencidos de su credo y de su verdad, a quienes esperan expandir su idea del “buen vivir” más allá, mucho más allá de los confines de sus propios hogares intachables, que por favor dejen de actuar con semejante activismo (o debería decir fanatismo) para promover el bien y buscar “enderezar” todo aquello que ven “torcido”, a la gente convencida de su bonhomía hasta el fanatismo, a esa gente le tengo más miedo, pero mucho más miedo, que a cualquier ser humano con capaz de vivir su vida de forma honesta, transparente y responsable. @melbaes

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