En el mismo corazón

En el mismo corazón

Septiembre 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Melba Escobar

Decía un comentarista deportivo en España sobre el triunfo del domingo al ver las calles de Madrid llenas de banderas tricolores: “Durante un ratito fuimos un trocito de Colombia, parecía Medellín, Bogotá, Barranquilla o Tunja”. Y a mí me conmueve que el comentarista diga Tunja y pienso en la escuela de Nairo Quintana en Arcabuco, a 18 kilómetros de su casa en Cómbita, ese recorrido que debió ser como su primer premio de montaña para ir a donde iba y de donde volvía a diario en una subida recta y empinada que no fue nunca un deporte para él, ni un reto, ni nada más que la ruta que lo llevaba de la casa a la escuela y viceversa.Pienso en lo muy colombianos que somos los colombianos reunidos a reventar en la plaza de Cibeles. Los que se fueron a buscar fortuna, los que tienen buen empleo, los que contribuyen a nuestra fama de delincuentes, los del Sí y los del No, por un momento todos parecen una sola masa amorfa fundida en un solo grito de júbilo.Todo eso fuimos el domingo en Colombia y en el Paseo de la Castellana. Toda esa euforia que nos lleva a ver a Nairo, ese hombre pequeño con cara de pitufo, voz suave, discursos elocuentes y sentidos, como un héroe, pero también como una insignia, como la imagen del país que queremos: batallador, incansable, rápido, creativo, resistente, noble y sencillo. Bajo esa mirada enamorada empezaron a surgir los apodos: Naironman, extraordinairo, Nairo Kingtana, Nairombia, sin mencionar el genial nairo-chavismo, entre tantos otros.Vivimos un amor colectivo estrepitoso hasta el delirio, una explosión de alegría que hace mucho tiempo no sentíamos. Y toda esa alegría me llevó a recordar al escritor clarividente, y a su famoso texto ‘Un país al alcance de los niños’, así como su análisis de nuestra identidad como nación: “Nuestra insignia es la desmesura. En lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que los creamos”.El texto escrito por Gabriel García Márquez como introducción al trabajo Pensar en el país del futuro encomendado a un grupo de sabios en 1993, nos recuerda que “tenemos en el mismo corazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico”. En el mismo corazón, tenemos la fuerza para adorar a Nairo y haber matado a un futbolista por meter un autogol. Con idéntica coherencia o con idéntica falta de ella, nos obsesionamos con la ley, solo para aprender rápidamente las mejores formas de evadirla.Toda la fuerza de lo bueno y de lo malo está en nosotros. Ángel y demonio, predador y presa, verdugo y salvador. Y quizá, para seguir con la tradición, nos preguntamos si Sí o si No y defendemos con garras y dientes la ‘respuesta correcta’.El 2 de octubre seremos los mismos que en Tunja, Medellín, Barranquilla o Bogotá lloramos de emoción por Nairo. Los mismos que nos insultamos en las redes porque Sí o porque No. Y entonces podremos elegir a qué preferimos darle más espacio, si al beligerante o al conciliador, si al pacifista o al violento.Ojalá quienes votemos en menos de tres semanas no lo hagamos por conseguir una victoria, o por vengarnos de una vieja traición, sino por encontrar un consenso para convivir aunque no siempre nos queramos, ni estemos de acuerdo. Ojalá ese día, como el domingo pasado, se expandan el júbilo y la esperanza para dar el primer paso, ojalá de muchos, que nos lleven a ser más felices y sobre todo, mejores.Sigue en Twitter @melbaes

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